miércoles, 10 de octubre de 2007

El Pleistoceno En La Peninsula Ibérica

Definición y desarrollo del Pleistoceno

El período Cuaternario llega hasta los tiempos actuales, si bien se distinguen dentro de él 2 períodos: Pleistoceno y Holoceno. El 1º comprende desde los 1’8 mill. de años hasta el 9000 a. C. aproximadamente. A partir de entonces estamos en el Holoceno. El Pleistoceno se divide a su vez en dif. subperíodos en razón de las características climáticas.

La era cuaternaria comprende en la Hª del planeta los 2 últimos mill. de años. Su clima es “normal”, es decir, aproximadamente con las características generales y regionales actuales interrumpidas por varias etapas de intensificación del frío (glaciaciones). Se ha acordado distribuir en 3 grandes etapas las 5 glaciaciones comúnmente reconocidas:
  • El cuaternario antiguo o pleistoceno inf., en el villafranquiense medio y sup: comprende la glacia. de Donau (c. 2’1 a 1’7 mill. años), el interglaciar Donau-Günz y la glaciación de Günz (1’2 a 0’7 mill. años).
  • El cuaternario o pleistoceno medio, que se inicia con el comienzo del interglaciar Günz-Mindel (o cromeriense) (700000 a 650000 años antes del presente) y abarca las glaciaciones de Mindel y de Riss con su interglaciar.
  • El cuaternario reciente (pleistoceno sup. + holoceno), iniciado hace unos 125 mil años: se desarrolla en el interglaciar Riss-Würm, en la glaciación de Würm y en el posglaciar (holoceno) en el que ahora nos encontramos.
Las condiciones climáticas del pleistoceno y del holoceno se producen en la combinación de 2 factores básicos: la pluviosidad decreciente y la degradación de la temperatura.

En la morfología de varios macizos montañosos penín. se han advertido los efectos inmediatos de la acción glaciar o periglaciar. El límite de las nieves perpetuas en la Pen. Ib. habría descendido en el Würm a cotas de 1500 a 1300 m. En el S. Central se han advertido una morrena del Riss y otra del Würm en condiciones de mayores sequía y frío. Las morrenas de retroceso de los glaciares de Picos de Europa, montes de Reinosa y montes de León revelan los efectos de los glaciares del Riss y del Würm. En la sierra de Harana (Granada) está el nivel en el Würm II a menos de 1000 m.

La máxima expansión del glaciarismo en Europa debió producirse hace unos 20 mil años, cubriendo las masas de hielo la mayor parte del continente al N. del paralelo 52.

En el Würm avanzado hay actividad glaciar en los montes de León y de Sanabria, en el S. Central y en el S. Ibérico (Moncayo, Picos de Urbión). Durante el tardiglaciar (Würm IV) es definitivo el ascenso del nivel de las nieves perpetuas en los sucesivos frentes glaciares de Reinosa.

De forma generalizada se ha advertido que a los períodos de glaciación corresponden regresiones (descensos) del nivel de las aguas marinas y a las etapas interglaciares otras tantas transgresiones (avances) del mar con respecto a la línea de la costa.

Un esquema ya tradicional, elaborado por H. Breuil y G. Zbyszewski, estructura los varios pisos de playas y terrazas litorales en las proximidades de Lisboa según las transgresiones y regresiones del cuaternario. En el villafranquiense medio, la fuerte transgresión calabriense (Donau y Donau/Günz) pudo remontar en sitios las cotas de 190 m., la terraza siciliense (Günz/Mindel) la de 100 a 80 m., la playa milazziense (Günz) la de 65 a 40 m., la playa de época de Mindel y la posterior terraza tirreniense (interglaciar Mindel/Riss, a 30-25 m.) fueron ocupadas por las gentes del achelense antiguo y medio. Una fuerte regresión en el Riss y una nueva transgresión en el interglaciar Riss/Würm (la playa grimaldiense se hallaba entonces a 12 m.) cierran el modelo de ref.

En otros frentes marinos cambia la intensidad del fenómeno. La transgresión calabriense sitúa el nivel del Mediterráneo en Provenza a unos 120 m. sobre el actual y la del interglaciar Günz/Mindel a 80 m. Según ha apuntado M. H. Alimen, a lo largo del Riss el proceso de regresión marina y otras circunstancias convergentes de variación eustática hicieron franqueable el istmo de Gibraltar, entre Tánger y Tarifa.

Según un esquema muy simple, en las épocas glaciares se desprenden, trocean y arrastran grandes cantidades de roca de las márgenes de las cuencas fluviales; posteriormente se depositan en terrazas de gravas y arenas. La actividad interglaciar va cavando y modelando esos depósitos precedentes formando escalones y aterrazamientos cuya atribución geocronológica no siempre es fácil. De cualquier modo, las series de terrazas y de pisos en los depósitos laterales de las cuencas fluviales permiten articular un esquema de sucesión, de abajo a arriba, de las etapas de ocupación de las márgenes, por grupos humanos, a lo largo del paleolítico.

La fauna en relación con el clima y los aspectos culturales prehistóricos

Los paleozoólogos distinguen 3 grupos generales de asociaciones de fauna en el cuaternario europeo: en el cuaternario antiguo es de tipo villfranquiense (con Elephas meridionalis y mastodontes); en el cuaternario medio, como de transición, ofrece la adaptación a un clima húmedo y algo fresco (con Elephas antiquus e Hippopotamus maior, Rhinoceros etruscus y, luego, Rhinoceros mercki); por fin, desde el interglaciar Mindel/Riss se extienden las formas animales propiamente cuaternarias. Este lote de vertebrados es el que alcanza nto. tiempo, a través de la drástica selección provocada por las glaciaciones de Riss y de Würm a cuya conclusión se produce la extinción o migración (de la Pen. Ib. hacia el N.) de muchas de las especies mejor adaptadas al frío.

En acumulaciones de fauna del SE y S de España del interglaciar Günz/Mindel, están presentes especies propias de climas muy húmedos (casi de paisajes encharcados) y cálidos (como Elephas meridionalis, Rhinoceros etruscus, Equus stenonis, Hippopotamus antiquus; y diversos micromamíferos: Rhinolophus euryle y mehelyi, Eliomys quercinus, etc.) perdurando varios de los representantes arcaicos de tipo villafranquiense (Ursus etruscus, Allophaiomys pliocaenicus, etc.)

La fauna propia del interglaciar Mindel/Riss en los yacimientos de la Meseta responde al paisaje de transición, de circunstancias templadas y húmedas en que se combinan zonas arboladas con praderas: elefante de piel desnuda, rinoceronte, hipopótamo, ciervo, gamo, grandes bovinos y équidos. En la glaciación de Riss, los yacimientos de graveras de Madrid dan animales de situación no demasiado fría: elefante, uro, rinoceronte de narices tabicadas y ciervo. Las alternancias de las 2 variedades de rinoceronte (de narices tabicadas y lanudo) y de los 2 proboscídeos (de piel desnuda o de bosque y mamut) marcan la secuencia de situaciones cálidas o templadas con bosque y de frío en el interglaciar Riss/Würm y los interestadios del Würm (I/II, II/III) y en las oscilaciones Würm I y Würm II, respectivamente.

En los períodos + rigurosos de las glaciaciones se transforma la cubierta vegetal, disminuyendo el arbolado a costa de la extensión de la tundra, la estepa o la pradera, según latitudes y circunstancias regionales.

Los yacimientos cantábricos del paleo. sup. (Würm III y IV) contiene fauna propia de clima muy frío en ocasiones. En el Würm III hay en Lezetxiki, entre otros, restos de glotón y de rinoceronte lanudo; conchas de Ciprina islandica aparecen en la cueva del Castillo. El arte parietal o mueble del tardiglaciar recoge la imagen de algunos de esos animales de tundra.

El desarrollo de la vegetación

En el Pleistoceno medio se producen las formas culturales del paleo. inf., con sus complejos de bifaces que sustituyen paulatinamente a los de cantos tallados. La glaciación de Mindel es una etapa prolongada de clima semiárido y fresco: no muy frío al principio y con fases bastante rigurosas y secas al final. En el interglaciar Mindel/Riss se desarrollan en Europa meridional diversas especies arbóreas de hoja caduca y plantas termófilas. La glaciación de Riss se produce entre los 200.000-135.000/125.000. En el pleistoceno sup. se da la transición del paleo. inf. al medio (Riss/Würm), el paleo. medio y el paleo. sup. (a lo largo del Würm). El interglaciar Riss/Würm es etapa calurosa: en la cornisa cantábrica se caracteriza por las formaciones de bosque y por especies como el rinoceronte de narices tabicadas y el ciervo. La glaciación de Würm se subdivide en el SO de Europa en 4 etapas agrupadas en 2 bloques: antiguo (Würm I y II), correlativo a la cultura del paleo. medio, y reciente (III y IV), en el paleo. sup.

La oscilación Würm I y el interestadio Würm I/II presentan, respectivamente, un clima frío y húmedo y una situación atemperada con bosques de caducifolios. El Würm II parece ser en toda la Pen. De frío acentuado: están presentes el mamut y el rinoceronte lanudo, es baja la proporción de arbolado y se ha extendido un paisaje estépico por muchos lugares. El análisis de micromamíferos revela condiciones de frío extremado.

El interestadio Würm II/III parece ser muy húmedo y atemperado, o húmedo y cálido. No controlado aún en suficientes yacimientos, en Cantabria muestra la reinstalación del bosque templado, con abundancia de ciervo y rinoceronte de narices tabicadas. Del interestadio Würm II/III son formas culturales de la transición paleo. medio/paleo. sup. (final del musteriense y chatelperroniense). En las oscilaciones Würm III y IV se suceden las culturas del paleo. sup.: auriñaciense, gravetiense, solutrense y magdaleniense. Würm III es de carácter estépico: la baja proporción de especies arbóreas, los restos de algunas especies animales y las alteraciones de los depósitos en cueva evidencian un clima muy frío.

En los últimos 20 años se está reuniendo bastante información para determinar las oscilaciones del Würm IV, o tardiglaciar, en la cornisa cantábrica, con 3 pulsaciones frías (Dryas I, II y III) entre las que se intercalan 2 oscilaciones muy templadas (Bölling y Alleröd). Dryas I y II ofrecen un paisaje relativamente estépico y de media humedad (o de estepa-parque) con proporción discreta de arbolado. En la oscilación Alleröd se produce la transición cultural del magdaleniense terminal al aziliense: se acelera la transgresión marina, aumentan mucho las temperaturas y la humedad ambiente, y se expanden algunos bosques claros de especies de hoja caediza (tilo, roble, haya, aliso).

En el holoceno, o posglaciar, se suceden las fases climáticas del Preboreal y del Boreal, en las que se desarrollan las culturas del epipaleo. y mesolítico. Durante la fase climática siguiente se extienden las novedades del neolítico, con un clima algo fresco y de mayor pluviosidad. En la fase Subboreal el clima es ya muy parecido al presente; entonces, con las culturas del calcolítico y del desarrollo de la E. del Bronce, se asientan en todo nto. territorio las formas de vida campesina, pastoril y agrícola.

Tal cuadro climatológico queda matizado por circunstancias regionales y locales. En la Pen. Ib., la influencia de los mares atenuaron los contrastes térmicos que en otros sitios de Europa acentuaban las sucesiones de pulsaciones y glaciaciones. En zonas de especial pluviosidad se habría producido un sistemático vaciado (por la erosión de las corrientes de agua) de la mayoría de las cuevas y abrigos ocupados por los prehistóricos: con la consiguiente pérdida, para la arqueología, de los depósitos allí producidos en el Pleistoceno.

El Paleolitico Medio

Concepto del Musteriense y sus facies

En el desarrollo del interglaciar Riss/Würm se produjo una situación climática de pulsaciones frías y recalentamientos sucesivos: se va asentando entonces el paleolítico medio, con el musteriense como conjunto cultural mejor reconocido en el SO. de Europa. El musteriense más antiguo remonta el interglaciar Riss/Würm (a fines de la glaciación Riss en algún sitio), hace + de 125.000 años; y alcanza su plena expresión en las oscilaciones Würm I y Würm II, que ocupan en su conjunto unos 40.000 años (aprox. desde 75000 hasta 35000 a. C.). Durante este espacio de tiempo tiene su desarrollo el Musteriense, que está constituido por un vasto conjunto industrial, dentro del que se han distinguido varias facies que se caracterizan por la utilización de técnicas de trabajo diferentes.

A diferencia del Achelense, que es una cultura con instrumentos de gran tamaño (bifaces, hendidores, triedos y cantos tallados) asociada a lascas, el Musteriense se caracteriza por el empleo masivo de las lascas, con las que fabrican conjuntos instrumentales de tipo medio (raederas, puntas, denticulados, muescas, cuchillos de dorso), de los que desaparecen total o parcialmente, según las facies, los bifaces. En los años 50, M. Bourgon y F. Bordes dedujeron del cómputo de las industrias musterienses del SO. francés (Périgord y zonas próximas) la existencia de algunas asociaciones reiteradas entre determinados grupos de instrumentos. El valor porcentual del grupo de las raederas sirvió en especial para definir las facies de ese complejo industrial. Son 4 grupos generales, con subdivisiones y matices, que se vienen utilizando para clasificar las colecciones líticas del musteriense de Eurasia y N. de África. Las facies identificadas básicamente en el modelo de referencia son:
  1. Musteriense típico, de acuerdo con el efectivo industrial del yacimiento epónimo (Le Moustier, en Dordogne), en que se aprecia un significativo peso de la tradición tayaciense y levalloisiense, abundando las raederas sobre lasca de diversos tipos y siendo muy habituales las piezas apuntadas (puntas musterienses y levalloisienses, por ej.).
  2. Musteriense charentiense, caracterizado en su conjunto por la proporción dominante de raederas. Se subdivide en 2 grupos –La Quina y La Ferrassie, por los 2 yacimientos de referencia- según que las lascas obtenidas mediante técnica levallois hayan sido empleadas o no. En el tipo La Quina, de carácter no levallois, supone el efectivo de raederas (50-80%), siendo piezas de trabajo muy cuidado sobre soportes altos, como tipos carenados de retoque escaliforme con un frente bastante convexo. Los conjuntos del tipo La Ferrassie se caracterizan por el uso muy frecuente como soportes de las lascas levallois; siendo también alta la proporción de raederas presentes, han disminuido las de tipo carenado y aumentan las de filo denticulado.
  3. Musteriense de denticulados, con un fuerte porcentaje de lascas denticuladas y con muescas (35-50%), pocas raederas y apenas bifaces y puntas de dorso. El índice de lascado levallois varía según los yacimientos.
  4. Musteriense de tradición achelense, estructurado en 2 subgrupos . La más antigua, fase A, ofrece un índice de bifaces del 8-10%, un nº discreto de raederas y de cuchillos de dorso y una cierta cantidad de denticulados; aparte de proporciones variables de instrumentos propios del paleo. sup. (buriles, perforadores, raspadores, etc.) y de lascas de técnica levallois. La fase más reciente, la B, ofrece una disminución del nº de bifaces (2-8%) y de raederas y el proporcional aumento de los instrumentos más propios del paleo. sup., de los cuchillos de dorso y de los denticulados.
Esos grupos de combinaciones de tipos de instrumentos no responderían, según la opinión de sus definidores, a una evolución unilinear y en etapas sucesivas sino que se integrarían en un “complejo cultural en ebullición”. Algunos prehistoriadores piensan que esas facies acaso representen otros tantos conj. de utensilios de carácter funcional común serían los lotes de instrumentos que los diversos grupos humanos debían tener a su disposición, según la situación de los territorios y las variaciones que posibilitan determinadas labores de explotación. De forma que aquellos grupos de utensilios podrían servir preferentemente para trabajar la madera, el hueso y las pieles (equipamiento musteriense típico), para tareas relacionadas con el descuartizo y carnicería de las piezas cazadas (facies charentiense) o para el tratamiento de materias vagetales (de denticulados), etc.

Esta independencia en el desarrollo de las diversas facies musterienses ha de ponerse en relación, no sólo con la existencia de dif. tradiciones cuturales, sino también con la presencia de distintos grupos humanos. Hasta hace poco se había supuesto que el Musteriense, en gran parte, era la obra del hombre de Neandertal, tipo humano de pequeña talla y formas macizas, de cráneo reducido y aplastado, con la frente huidiza, robustos arcos superciliares y de mandíbula inf. prognata y sin mentón; pero parece que no fue éste el único hombre musteriense, pues se apunta la presencia de un nuevo tipo humano, los anteneandertales, cuyo origen se fija en el paleo. inf. a partir de algunos restos óseos que presentan evidentes rasgos humanos de carácter moderno. El hombre de Neandertal desapareció como un final de una estirpe, en tanto que los anteneandertales parecen haber perdurado, como señala la presencia de algunos de sus rasgos en los hombres del Paleo. Sup.

Durante los tiempos musterienses, a las formas tradicionales de vida al aire libre en las cercanías de los ríos se incorpora la ocupación de cuevas y abrigos, quizás en busca de una mayor seguridad y protección. Su antecedente en la Pen. se encuentra en los niveles achelenses de la cueva del Castillo (Puente Viesgo, Santander). Propio de las regiones con formaciones cárstico-calcáreas, este nuevo tipo de habitación se extendió rápidamente por todas las áreas con calizas de la Pen., asentándose principalmente en la cántabro-vasca, en la mediterránea y en las cordilleras surbéticas (en las restantes zonas continúa la vida al aire alibre). Más tarde, este género de vida cavernícola será básico durante los tiempos del Paleo. Sup. de Europa occidental.

Características regionales

Aunque el Musteriense parece encontrarse en la mayor parte del territorio pen., sin embargo, las distintas facies aparecen mejor definidas dentro de unas áreas que en otras. Los yacimientos del Musteriense de tradición achelense parecen mejor representados en Cantabria y en el valle del Manzanares. Dentro de la 1ª se cuenta con un grupo de 3 yacimientos en cueva, Castillo, Morín y Pendo, cuyas industrias, encuadrables en la fase B de dicha facies, presenta no obstante diferencias notables con la misma, ya que en ellos aparece un imp. nº de hendidores, faltando totalmente los bifaces, por lo que se les ha considerado como propios de una subfacies, Musteriense de hendidores. La Cueva del Castillo (Puente Viesgo) contienen un nivel musteriense, comprendido entre un Musteriense superior típico de tipos peq., y un claro Auriñacense. Los hendidores, de diversos tipos, son de talla cuidada y se hallan asociados a puntas, raederas, buriles, etc., y a una fauna de ciervos, rinoceronte de Merck y elefante antiguo. En Cueva Morín aparecieron varios niveles de Musteriense de denticulados. Los instrumentos recogidos son de tipo variado y su tallado es no-levallois. Estas mismas características ofrecen los materiales del nivel XIII del Pendo.

También en cueva, en el área levantina, se encontró un nivel con Musteriense de tradición achelense en Cova Negra (Játiva), intercalado entre niveles de facies Charentense, cuyos materiales ofrecen un índice levallois bajo, pero significativo, buen nº de raederas y denticulados y unas pocas bifaces.

El resto de los yacimientos de esta facies se encuentran situados al aire libre y repartidos por casi toda la Pen., siendo el núcleo más imp. el situado en el valle del Manzanares (Madrid), de los que proceden num. instrumentos, que se consideraron como propios del Musteriense de tradición achelense (necesitan revisión), suponen la mayor concentración de restos instrumentales de esta facies en la Pen.

La facies Musteriense típica está poco representada en la Pen. En la Meseta S. se encuentra la cueva de Los Casares, en Riba de Satelices (Guadalajara), que presenta una sucesión de 4 ocupaciones, que han sido consideradas como propios del Musteriense típico de formas peq. con un bajo índice técnico levallois, abundantes raederas y elementos facetados y escasos cuchillos de dorso, que los aproximan un tanto al Charentense de tipo Ferrassie. La fauna presenta el conejo, la cabra montés y el caballo, como animales dominantes, junto con ciervos, grandes bóvidos, corzos, sarrios, osos, panteras, leones y un rinoceronte (interestadio Würm I/II).

En el valle del Manzanares se señalaron, hace años, varios yacimientos en terraza con Musteriense de tipos peqs. En Cataluña, el Musteriense típico señalado en la cueva de En Mollet (Serinyá, Girona), con instrumentos de cuarzo de talla no-levallois, muy abundantes, mientras que los de cuarcita y sílex presentan un mayor índice de talla levallois, con fauna de ciervo, bóvido, caballo, rinoceronte de Merck, elefante antiguo, hiena,…

En el área andaluza se conocen como propios de esta facies pocos yacimientos. La cueva de la Carigüela, de Piñar (Granada), ha proporcionado interesantes niveles musterienses típicos, ricos en raederas y con imps. hallazgos de huesos humanos. Aunque, sin duda el yacimiento más imp. es el de Gorham’s Cave (Gibraltar) con 4 niveles, separados por estratos estériles. El más antiguo presenta una pobre y escasa industria de técnica levallois, con conejo y ciervo, como dominantes, que se ha situado en el interestadio Würm I/II. Los 2 niveles intermedios, también con notable índice levallois y abundantes raederas de varios tipos, escasos cuchillos de dorso y algunos tipos laminares, asociados a una fauna de conejos, cabras y ciervos, como dominantes, seguidos además de bóvidos, caballo, hiena, rinoceronte,…, que responden a un clima templado propio del interestadio de Würm I/II.

La facies del Musteriense de denticulados se encuentra en las zonas del N. pen. y en cuevas, aunque también se proyectó hacia las zonas meridionales. En Santander, las cuevas de Morín y del Pendo contienen 2 estratos de denticulados separados por un nivel del Musteriense de hendidores, dominando en áquellos las raederas y las lascas con muescas. La fauna dominante es de bóvidos, ciervos y caballos, habiéndose situado estos niveles dentro del Würm I en sus inicios, para los niveles más antiguos, en tanto que los posteriores al Musteriense de hendidores se sitúan en la fase Hengelo del interestadio de Würm I/II. En Asturias, en la cuenca del Nalón, se conoce desde hace años, la cueva del Conde o del Forno (Tuñón), en la que aparecieron 2 niveles atribuidos a las facies denticulada, aunque el inf. contiene un bifaz de forma trianguloide que supone contactos con el Musteriense de hendidores.

En Cataluña, en el Abric Romaní y en el Abric Agut (Capaelladas, Girona), se han encontrado restos de facies denticulada. En el 1º, apareció una industria de índice levallois poco imp., abundante en raederas, elementos denticulados, raspadores simples, cuchillos de borde y alguna punta pseudolevallois; mientras que el Abric Agut se han encontrado raederas y otros denticulados que se han supuesto del Würm II/III.

La facies del Musteriense Charentense, en sus 2 subfacies, La Quina y La Ferrassie, parecen, por el momento, abundar + en la parte oriental de la Pen. En la Meseta N. se conoce la cueva de la Ermita (Hortigüela, Burgos) con 2 niveles superpuestos, cuyos materiales (raederas, denticulados y algún cuchillo de dorso) presentan un débil índice levallois. En la región valenciana se encuentra quizás el yacimiento musteriense + imp. en Cova Negra (Bellús-Játiva). El bloque + antiguo presenta, en sucesivas ocupaciones, una serie de variantes en sus conjuntos líticos, entre los que se observa la abundancia en todos ellos de raederas, la oscilación en el nº de denticulados y un índice levallois muy bajo que en la última ocupación pasa a no-levallois, siendo además escaso el nº de puntas. En el bloque superior se observan análogas tendencias tipo Quina, con fuertes índices no-levallois y laminas, por lo que se le ha considerado como una especie de subfacies Para-Charentense. Todos los niveles se han encuadrado dentro de los Würm I y II.

La facies del Charentense, tipo Ferrassie, se encuentra establecida en el área mediterránea. De Cataluña se cita la Bóvila Sugranyes (Reus), el abrigo de la Pechina (Játiva), cuyo nivel superior contiene una industria muy semejante a la del nivel sup. de Cova Negra, de caracteres Para-Charentenses y otro inf., + antiguo, con un índice levallois no muy alto, abundantes raederas, excelente retoque tipo Quina y pocas láminas, raspadores y buriles.

En Portugal, en general, el Musteriense se encuentra al aire libre, especialmente en las terrazas del Tajo.

Los hallazgos antropológicos

El tipo neandertalense es bien conocido en Europa desde los hallazgos de mediados del siglo pasado en el S. pen. (Gibraltar) y en Alemania (Neanderthal). Destacan, entre sus rasgos, una elevada capacidad craneana (con una media de 1.450 cm3), una estatura en torno a los 1’55 m, unos brazos ligeramente alargados y, en ellos, un especial desarrollo del brazo con respecto al antebrazo. La cara tiene un notable prognatismo, con mentón mínimo en una mandíbula fuerte, y unos ojos aparentemente hundidos bajo salientes arcos superciliares; la forma de su cabeza, dolicocéfala, es ligeramente aplanada.

En la Pen. Ib. son relativamente abundantes los yacimientos de ocupación en cuevas y abrigos, o al aire libre, de aquel tiempo; pero es reducido el repertorio de restos óseos de esos hombres, sin que lo recuperado hasta ahora pueda referirse a disposición de enterramiento.

En la cuenca del Duero, formaciones calizas de la sierra de Atapuerca a orillas del Arlanzón (15 km Burgos) acogen un complejo aparato cárstico con cerca de 40 cuevas hasta ahora inventariadas. Tanto Cueva Mayor-Sima de los Huesos como Trinchera-Gran Dolina están aportando imps. conjuntos de huesos humanos.

En Sima de los Huesos, hasta la campaña de 1993 se habían recuperado + de 1.300 huesos humanos correspondientes a un grupo de al menos 29 individuos en su mayoría jóvenes. Su tipología antopológica se asimila con la de los anteneandertales del tipo europeo. Constituye éste un registro importantísimo de pob. del pleistoceno medio, de antes de los 250.000 años. Este conj. antropológico SH resulta ser el lote por hoy + completo de huesos poscraneales (paqrtes del tronco y extremidades) del registro mundial de ese tiempo.

Del depósito de travertino del lago de Banyoles (Girona) procede la mandíbula completa probablemente femenina (unos 50 años edad) hallada en 1887. El sitio del yacimiento se dataría en el pleistoceno sup. (interglaciar Riss/Würm o Würm I). Ofrece esa mandíbula varios rasgos arcaicos y otros modernos, y se la ha clasificado como de Homo erectus de tipo progresivo, con la caracterización de los anteneandertales europeos en proceso de neandertalización.

De Gibraltar proceden 3 lotes antropológicos distintos. En la cantera de Forbe se halló en 1848 un cráneo de adulto femenino, buen espécimen de Homo neanderthalensis acaso de su variedad mediterránea; poco después se recuperó un molar juvenil en la brecha fosilífera de la cueva de Genista. En la excavación de Devil’s Tower se encontraron varios trozos del cráneo de un niño de 5 años, en un nivel datado en fecha anterior a los 30000 a. C.

En niveles de ocupación del paleo. Medio de la cueva de la Carigüela (Granada) se han recuperado unos cuantos restos de neandertales. Las excavaciones de 1955 obtuvieron: el frontal de un niño (6 años) y 2 fragmentos de parietales distintos de adulto (niveles 7 y 6); y una mandibula de adulto masculino, un fragmento de parietal y una tibia, en el nivel 2. En excavaciones posteriores se consiguieron otros restos humanos en el nivel 4.

Un parietal derecho de adulto masculino, un fragmento de mandíbula de niño de 5 años y un incisivo de adulto se hallaron en el denso depósito musteriense de Cova Negra (Valencia). Pese a quienes han apreciado en el parietal caracteres arcaicos prevalece hoy la identificación propuesta por M. Fusté con el tipo de Neanderthal: su nivel de procedencia se formó probablemente a comienzos del Würm II.

Existen, además, otros restos procedentes de yacimientos del musteriense dispersos por todo el suelo peninsular.

El Arte Paleolítico -Parte 1-

Características del arte rupestre

Entre las grandes aportaciones culturales del pale. sup. del Occ. europeo, figura en lugar muy destacado el arte. Sus más antiguas manifestaciones surgen con las 1as. fases de esta gran etapa, aunque se han señalado posibles restos de “grabados” sobre huesos en el Musteriense, de tradición achelense de la cueva de Morín. No obstante, es con el advenimiento del Homo sapiens de Cromagnon cuando se inicia el proceso de desarrollo de las manifestaciones artísticas, poderoso medio de expresión y representación gráfica, gracias al cual se nos han conservado parte de los aspectos –no materiales- de la vida del hombre prehistórico.

Cuando en 1879 D. Marcelino Sáez de Sautuola descubre el panel pintado de Altamira, las reacciones son mayoritariamente contrarias, tanto a nivel español como internacional. En España, Sautuola ve rechazado su descubrimiento por 2 organizaciones científicas relevantes: la Institución Libre de Enseñanza y la Real Sociedad Española de Hª Natural. Tampoco en el extranjero la existencia de un arte rupestre paleo. encaja demasiado bien en el marco de la Ciencia oficial que se pronuncia contra Sautuola en el II Congreso Internacional de Antropología y Arqueología Prehistórica. Sin embargo, en los últimos años del S. XIX, algunos hallazgos en cuevas francesas vienen a abrir paso a una aceptación definitiva (cueva de La Mouthe, pinturas de Marsoulas).

El reconocimiento de la autenticidad de las pinturas por parte de Cartailhac provocó un viaje del mismo a la cueva en 1902 y otro en 1903, junto con el joven H. Breuil. Este último sería el Papa indiscutible de los estudios de arte paleo. Los resultados de este viaje se vieron plasmados en varias publicaciones, que sin duda debemos considerar clásicas, y que de alguna manera representan el origen y modelo de todos los estudios de arte rupestre.

En ese complejo de manifestaciones plásticas se distinguen, por la entidad y dimensión de los soportes, un arte rupestre o parietal (desarrollado sobre paredes y techos de las cuevas) y otro portátil o mueble (sobre distintos utensilios o exento). El arte mueble parece representar un culto propio del individuo, el cual mediante las representaciones gráficas sacraliza sus instrumentos y demás útiles personales. Por otra, el arte rupestre, caracterizado por la ocupación de amplios espacios, responde más bien a las necesidades de un culto colectivo, mediante el cual el grupo humano queda identificado dentro de una determinada tradición religiosa.

La mayor parte de los cerca de 300 conjuntos rupestres hoy conocidos en la Prehistoria europea se concentra en un área reducida del SO de Europa: es el llamado conjunto (o “provincia”) franco-cantábrico (o hispano-aquitano) con los 3 núcleos fundamentales de la Dordoña (con cerca de 100 cuevas decoradas), del Pirineo francés (con unas 40) y de la cornisa cantábrica (con más de 80). Como pertenecientes a la “provincia mediterránea” están unos 40 sitios más, en el sur y SE de la Pen. Ib., el bajo Ródano y el sur de Italia. También existen sitios de arte rupestre dispersos por el resto de Francia y en el este de Europa.

La mayor parte de las manifestaciones rupestres se dan en el interior de las cuevas; como excepción hay algunos santuarios exteriores con figs. en zonas de embocadura y casi al aire libre, a donde llega la luz del día. Respecto a la situación interior o exterior de los santuarios en las cuevas, parece ser que los más antiguos de figs. grabadas con trazo profundo se encuentran situados en el exterior, a plena luz del día y grabados en las paredes del abrigo, mientras que las figs. rojas o las negras presentan sus santuarios en las galerías medias o finales del interior de la cueva.

Los frisos decorados están por lo común apartados de los sitios habitualmente ocupados en la habitación estable. Ese carácter aparentemente recóndito y exclusivo subraya su significado “religioso” o, al menos, no común. Las figs. pueden concentrarse en un espacio muy reducido, bien sea en cuevas pequeñas (cueva-sala), bien en cavidades mayores acumulándose al fondo de una galería o en una rotonda. En parajes estrechos y de largo recorrido (cueva-galería), los temas se pueden suceder en un complejo aparentemente unitario a uno y otro lado de ese pasillo o bien individualizarse en paneles de zonas concretas (recovecos, ensanchamientos o nichos). Algunos sitios pasarían por ser santuarios menores, con pocas figs. realizadas con técnica y estilo similares, sin duda de una sola vez (Venta Laperra, La Haza, La Loja o Alkerdi). En esta situación están los santuarios monotemáticos (de cabras, de caballos o signos), o con un tema francamente dominante como las improntas de manos en Maltravieso y Fuente del Salín o las cabras en El Bosque.

El total de santuarios exteriores penins. no supone sino 1/5 parte de los santuarios profundos. En su mayoría tienen grabados bien marcados con figs. de dimensiones medianas o pequeñas, a menudo de silueta angulosa (como de estilo antiguo), acumulándose a veces unas sobre otras en complicadas superposiciones. Destacan los conj. exteriores de Venta Laperra, Chufín, La Viña, Santo Adriano, La Lluera I, Hornos de la Peña, etc. En Fuente del Trucho y Atapuerca esas figs. de exterior están pintadas.

Un caso excepcional, por ahora, se está identificando en estos años 90: figs. grabadas (fundamentalmente de 2 tipos: piqueteadas y de línea seguida muy fina) de animales sobre grandes bloques al aire libre y en pajares abiertos. Al caso advertido hace algún tiempo de Domingo Garcia se añaden ahora los muy imps. conjuntos de la cuenca media/baja del Duero (cerca de la frontera entre España y Portugal).

La presencia de varios santuarios en una misma cueva, así como las superposiciones de figs. de diferente estilo y técnica permiten asegurar la mayor o menor antigüedad de las figs. de un santuario respecto de las de otro. En la Pen. son de gran interés las 5 superposiciones del Gran Techo de Altamira, las 3 de Llonín y, en menor grado, las de Castillo, La Pasiega, Les Pedroses y Candamo, que han posibilitado el establecer una secuencia estilística y cronológica que está de acuerdo con las etapas culturales señaladas para el Paleo. sup.

El arte mueble

Se considera arte mueble aquella representación figurativa o simbólica que aparece sobre un soporte lítico u óseo susceptible de ser transportado. Este soporte puede tener una finalidad utilitaria, como es el caso de los bastones perforados, propulsores, azagayas, arpones, etc.; o bien sobre objs. votivos, de adorno o de función desconocida. Los objs. de arte mueble pueden acompañar a sus autores en los desplazamientos y aparecen integrados en los niveles arqueo. de los hábitats.

La distribución del arte mueble presenta una dispersión por todo el continente europeo, extendiéndose hacia Siberia, pero no bajando hacia el P. Oriente. Esta dispersión se concentra mayormente en el paleo. sup. inicial, desde el 35.000 al 20.000, con agrupaciones en los valles del Danubio y del S. de la llanura ruso-ucraniana.

Paralelo en su desarrollo al del arte rupestre, sus representaciones obedecen a los mismos criterios artísticos, ofreciendo sus ejs. una mayor precisión cronológica, como consecuencia de estar encuadrados dentro de un conjunto instrumental con una fecha absoluta o relativa.

Las obras de arte mueble se han recogido en los niveles de ocupación de los yacimientos: obviamente, pues, en las zonas de entrada y vestíbulo de cuevas y abrigos. Esas representaciones tienen como soporte habitual instrumentos óseos o elementos no útiles (lajas y cantos de piedra, placas o tubos de hueso, etc.); menos frecuentes resultan otras obras de arte, de adosrno o exentas en bulto. En aquellos utensilios de uso precario suelen dominar las decoraciones no figuradas (diversas marcas). En los de uso menos habitual y en los soportes no útiles se dan temas realistas de minucioso tratamiento, a veces en agrupaciones complejas.

Las decoraciones, que parecen tener un significado ritual, ofrecen los 3 temas propios del arte paleo. –animal, ideomorfo y antropoformo-, bien por separado, bien yuxtapuestos.

El catálogo del arte mueble de la cornisa cantábrica ofrece una proporción mayoritariamente de soportes en asta de cérvido sobre los de hueso y de piedra; se aprecian una cierta densidad de arte portátil sobre piedra en los yacimientos vascos, destacando en Asturias los lotes de Paloma, Las Caldas, La Viña y Tito Bustillo. Al contrario, los grabados sobre placas de piedra dominan cualquier otro tipo de arte mueble en el área mediterránea: con el peso abrumador del irrepetido conjunto del Parpalló y las evidencias individuales de otros sitios (Bora Gran d’En Carreras, Sant Gregori, Matutano, Tossal de la Roca o Mallaetes.

De algunos yacimientos penin. procede una cantidad suficiente de piezas de arte mobiliar como para que sean considerados centros de producción especializada o acaso “santuarios” de ese arte portátil: así El Parpalló a lo largo de su secuencia dilatada de ocupación, El Pendo en el magda. avanzado, La Viña en el magda. medio y series concretas de La Paloma, Tito Bustillo o Las Caldas.

La mayor presencia de objs. de arte mueble se observa en los yacimientos del área cantábrica, que quizás pueda relacionarse con el mayor nº de santuarios rupestres de la misma. Pero la escasez de arte mueble en el resto de las áreas es debido, sin duda, al escaso desarrollo que en ellas alcanzó la industria ósea.

Área cantábrica.- Las 1as. muestras de arte mueble aparecen en el Auriñacense. Se trata de una serie de trazos dobles y paralelos, grabados sobre el bisel de una azagaya, y la cabeza de un toro y el resto del cuerpo, grabados a un lado y a otro de una placa ósea de Lumentxa. De la misma etapa es un contorno grabado, con traza profundo, de caballo, incompleto, de Hornos de la Peña.

Durante el Solutrense medio cantábrico se desarrolla el motivo de los trazos pareados (Las Caldas), además de algún reticulado simple y trazos curvos asociados. Sobre plaquitas óseas, rectangulares y con perforación, aparecen series de entalles y de trazos en los bordes (Las Caldas y Bolinkoba), posibles amuletos, que se continúan durante el Solu. sup. (Cueto de la Mina y Altamira), durante el cual también se desarrollan las series de trazos pareados, así como las asociaciones de haces lineales, formas angulares y alguna triangular o cuadrangular, aunque el mayor interés se centra en la presencia de una serie de omóplatos de cérvidos, con grabados con técnica estriada de cabezas de ciervas, que acentúan rasgos anatómicos y volúmenes de masas musculares.

En el Magda. inf. continúan las figs. grabadas con estriados, a los que se añaden contornos de trazo múltiple y amplían la fig. a otras partes del cuerpo animal, añadiéndose a las ciervas, otros animales, además de series lineales y algún aspa (Castillo, El Cierro, Rascaño). Los trazos pareados siguen estando presentes, así como los angulares y cuadrangulares, sobre azagayas, con divisiones internas (Altamira, El Juyo, El Cierro).

La decoración del Magda. sup. introduce una mayor complejidad en lo ornamental, que se manifiesta en la mayor abundancia de incisiones, estriados, surcos, etc., dispuestos de forma estereotipada (trazos dobles, simétricos, alternos, etc.) y creando otros motivos lineales. Especial interés tienen las representaciones de cabras en esquema frontal, que aparecen asociadas a trazos paralelos (Rascaño, Cueto de la Mina), a serpentiformes (Pendo, Paloma, Sofoxó), a caballo y peces (Valle), a reno (Urtiaga) y a caballo, ciervo, sarrio, toro y pisciformes (Torre), además de una cabra en visión lateral, asociada a series de trazos paralelos (Balmori), a los que también se une el caballo (Pendo), el cual también se representa junto a una cierva y ciervo con series de trazos paralelos (Pendo). El tema antropoformo reaparece durante esta etapa sobre una varilla de asta de Sofoxó,, con una fig. femenina.

La repre. animal en el arte mueble se centra casi exclusivamente en el Magda. y se limita al ciervo/a, caballo, cabra, toro, peces, reno y oso, faltando el bisonte, lo que resulta extraño e inexplicable, dada la importancia del mismo en muchos de los santuarios rupestres.

El Parpalló.- La cueva de El Parpalló, con sus miles de plaquetas grabadas y pintadas, es un excepcional y aislado “santuario” de arte mueble. En dichas plaquitas, de caliza, aparecen representados los 3 temas propios del Arte Paleo. Se puede suponer la existencia de un “santuario”, cuyas figs., en su mayoría, han sido realizadas dentro de un estilo y una técnica propios. Los ideomorfos del Parpalló aparecen dentro de una ordenada sucesión de tipos, de acuerdo con su posición estratigráfica, lo que permite observar los distintos cambios que se operaron en el simbolismo religioso del Parpalló a través de sus diversas etapas culturales. Su paralelismo con el área cantábrica es evidente.

Los ideomorfos más antiguos son los trazos lineales simples y las formas angulares, que son propias del Gravetense y que se continúan durante el Solutrense inf. Con el Solu. pleno o medio aparecen los haces rectilineales, los trazos pareados, ángulos, triángulos y rectángulos, así como los trazos curvilineales en arco y un excepcional laberintiforme, relleno de trazos pequeños, motivos que, en gran parte, se continúan durante el Solu. sup. –formas rectangulares, con o sin divisiones internas, reticulados, trazos paralelos-. Durante las 3 etapas del Parpallense los ideomorfos son casi inexistentes sobre plaquitas y sus motivos parecen haberse trasladado a la escasa industria ósea, en la que aparece el motivo sinusoide de 2, 4 y 5 líneas. Durante el Magda. medio la industria ósea ofrece series en aspa y algún motivo reticulado, mientras que sobre las plaquitas de caliza siguen los motivos sinusoides y algún serpentiforme. El Magda. sup. continúa el dominio de los reticulados y de los curvilíneos con los anteriores motivos, alos que se unen extrañas figs. en banda de doble línea, bien sinusoides, bien en forma de bolsa con estrecha y larga abertura.

Se pueden señalar en el Parpalló una 1ª fase, en la que dominan los motivos ideomorfos de tipo rectilineal, y otra 2ª con los de tipo curvilineal. En las placas se han podido definir los temas representados: cabras, ciervas/os, caballos y toros son los más frecuentes, resultando excepcionales el jabalí, el gamo, algunos carnívoros y diversos signos complejos.

Las técnicas de representación

En el cómputo general de figs. del arte rupestre europeo, las trazadas mediante el grabado o la pint. negra superan ampliamente a las ejecutadas en rojo y, desde luego, a las que se expresan en bulto o en policromía. Se revela un predominio del uso del rojo en las etapas antiguas (ciclo auriñacoperigordiense) y del negro en las recientes (ciclo magda.). incluso se piensa que la pint. y el grabado pudieron tener un significado complementario y hasta sustitutivo.

Con cierta reiteración se asocian en una misma fig. partes grabadas y pintadas, superponiéndose los trazos realizados de uno u otro modo, como en Altxerri o en Covaciella.

Los colorantes empleados habitualmente son tonos del rojo y ocre (desde el amarillo al marrón oscuro y violeta) y del negro. Se obtenían de óxidos de hierro y de manganeso, de tierras y de carbones. La pint. se aplicaba en seco con aquellos colores como lápices, o bien en pasta o líquido a base de algún aglutinante mezclado con el color en polvo.

La mayoría de las pints. del arte rupestre penin. son dibujos monocromos hechos de diversas maneras: con simple delineación linear continua del perfil y de algunos detalles, con tintas planas o estriadas que rellenan parcialmente el interior de las figs., con trazo tamponado en puntuaciones yuxtapuestas o mediante soplado de la pint. diluida (rodeando negativos de huellas de manos o rellenando partes de figs. bicromas) Son notable mayoría las pints. negras sobre las rojas. Es excepcional el uso de una arcilla amarillenta muy líquida aplicada con el dedo sobre la pared, como ocurre en meandriformes y en una cabra de La Pileta.

Los espectaculares casos de “policromía” (bicromia en sentido estricto) combinan tonos del ocre y del negro, que se matizan por lavado o raspado, interviniendo en el efecto de difumino la coloración más clara del fondo de la roca. Destaca en esta técnica el impresionante conjunto del gran techo de Altamira. Para conseguir ese efecto de policromía en Tito Bustillo se coloreó previamente con grandes manchas de rojo el fondo rocoso que había de acoger las figs. bicromas.

El grabado de la pared resulta ser la técnica empleada en casi todos los santuarios exteriores y domina o llega a ser exclusiva en bastantes de los interiores más o menos sencillos. Los grabados más comunes son los realizados con instrumentos líticos de punta o filo, que inciden con trazo simple o repasan los contornos y detalles de las figs.: según múltiples ref., en la mayoría de las estaciones penin. de arte rupestre. Contornos piqueteados y de incisión repasada con excepcionales.

Las representaciones rupestres de bulto (esculpidas en la roca o modeladas en barro) son desconocidas en la Penín., aunque se hayan aprovechado volúmenes naturales sugestivos para representar diversos animales como es el caso de varios bisontes del gran techo de Altamira y otras figs. de la misma especie del Castillo Ekain y Venta Laperra.

La conservación de pints. es absolutamente excepcional en soportes portátiles que han permanecido durante milenios en el seno de un depósito arqueo. Destaca, pues, en el panorama mundial del arte mueble paleo. la colección de 1.430 plaquetas del Parpalló con pints., sobre todo en rojo, pocas en amarillento y negro, asociándose a veces la pint. con el grabado.

En las figs. realistas y temas decorativos de soportes mueble en asta o en hueso el grabado se acompaña de otras técnicas adicionales de pulimento y desgaste, de perforación y de recorte, como en los contornos del magda. medio de La Viña que representan cabezas de caballos. En placas y cantos rodados de piedra y en trozos de hueso se han producido en el magda. mediente grabado representaciones realistas y de gran viveza. Como escultura de bulto tridimensional destaca la de un ave (un anseriforme) producida aprovechando un colmillo de oso de las cavernas en el solu. sup. del Buxu.

La preferencia por algunos temas y técnicas y el modo de resolver concretos problemas expresivos (perfiles, volúmenes, perspectivas, colores o mov. de las figs., etc.) caracterizan otras tantas diferencias estilísticas. En unas ocasiones, el cambio en el tratamiento se asocia al proceso general de evolución de la cultura. Se ha definido, así, una periodización del conjunto del arte en “ciclos” o “estilos”. Las alusiones a masas de relleno de las figs., a trazos de despiece o cebraduras de la piel parecen ser una adquisición estilística del solu. avanzado y del magda. inf., siendo constantes a partir de entonces hasta el final del paleo. Del mismo modo ocurre con diversas constantes en el modo de delinear los perfiles cérvico-dorsales o las astas y patas en perspectiva.

Se han percibido también modas dominantes en un territorio. Frente al estilo de la “provincia francocantábrica” está el de la “provincia mediterránea”, aproximándose en general los santuarios del centro de la Penín. al estilo propio del solu. o del magda. inf. cantábricos.

Se insiste últimamente en la identificación de “manos” y de “maestros” en la autoría de varias obras del arte prehistórico penin.; es decir, de personas concretas cuyo estilo se advertiría en convenciones y tratamientos muy peculiares. A veces la semejanza entre obras muy alejadas entre sí fuerza a suponer desplazamientos del artista. Así se explicaría la evidente proximidad formall (en técnica, tema y estilo) entre realizaciones rupestres de Covalanas/La Haza y Arenaza, de Altamira y Castillo/La Pasiega, e incluso entre este foco de Altamira/monte Castillo y varios santuarios del oriente de Asturias. En el catálogo del arte mobiliar, las semejanzas de “manos” resultan también destacadas (bastones decorados de Castillo y Cualventi, plaquetas de estilo parpallense entre el sitio epónimo y de Tossal de la Roca). Semejanzas estrechas (como procedentes de la misma “mano”) entre piezas mobiliares del Pendo y de Mas d’Azil o entre las de Tito Bustillo y otras de esos parajes pirenaicos parecen abonar la hipótesis de rutas de intercambio y/o amplias migraciones (veraniegas, se ha escrito) entre estaciones pirenaicas y las del pasillo costero cantábrico en el magda.

La temática

En representaciones de carácter realista son mayoritarias las figs. de animales (sobre todo ungulados) y muy escasas las ref. a lo humano (“antropomorfos” con rasgos deformadores o siluetas de manos). Se asocian a un repertorio vario y frecuente de “signos”, unos sencillos y otros de gran complejidad formal.

Figuras de animales.- En una muestra de cerca de un millar de figs. del arte parietal penin. más de la ½ son de grandes bovinos (bisonte y uros) y de caballos; las figs. de ciervos/as suponen el 27,15% y las de cabras monteses el 9,5%. El 7% restante se distribuye por un repertorio muy amplio de temas animales. El catálogo de otras representacines de mamíferos, con muy pocas refs. En cada caso, incluye algún proboscídeo (elefante o mamut), rinoceronte lanudo, jabalí, alce, reno, saiga, rebeco o sarrio, felinos, osos pardos, zorros, glotón y liebre. Las figs. de aves, muy escasas en el arte paleo. español, no son fáciles de definir genéricamente: hay 2 grabados del Pendo que se han descrito como pingüinos y que probablemente son anseriformes. En peces han sido determinadas figs. de pleuronectiformes (acaso platijas) en Altxerri, salmónidos en Ekain, un probable túnido (o esturión) en Pindal, un mero o breca muy realista en La Pileta, aparte de nosos. esquemas ovalados del arte mobiliar que algunos creen esquematizaciones de peces. Tampoco es fácil distinguir reales representaciones de serpientes de signos ondulados “serpentiformes”.

La gran mayoría de las figs. animales se representaron de perfil. Las captadas de frente son tratadas de un modo simplificado que derivaría, según algunos, hacia representaciones esquemáticas relativamente abundantes en el arte mueble sobre soportes de uso habitual.

Las dimensiones de las figs. son inf. (como media tienen de 0,50 a 1,50 m. de longitud) a las de los animales al natural, salvando algunas excepciones como el de la cierva del gran techo de Altamira, de un uro o alce de La Pileta o de un supuesto bisonte de Altxerri. Volúmenes y otros accidentes de la roca a decorar han podido sugerir formas y detalles de cuerpos animales, y así se han aprovechado por el artista paleo. como dorsos o grupas y cabezas o para aludir a detalles menores.

En bastantes obras tanto del arte parietal como del mueble se aprecia un cierto orden constante en el proceso temporal de ejecución de las figs. de ungulados. En cérvidos se traza antes la silueta de la cabeza y el tronco que el dibuja de las astas. Algunas figs. parecen que quedaron incompletas de intención: acéfalas o dejando sin acabar hocicos, patas o cuernos. Llaman la atención algunos animales dispuestos en vertical o incluso boca arriba (Altxerri).

La mayor parte de los animales representados en el arte rupestre parecen haber sido los deseados por aquellas civilizaciones de cazadores; pero no son todos ni sólo ellos los que aparecen, ni sus proporciones se corresponden con las de los restos acumulados como residuos de carnicería y comida en los yacimientos arqueo. El ciervo, especie dominante entre las cazadas en la cornisa cantábrica, es representado con frecuencia; pero el bisonte y el caballo, cuyos restos son escasos en los niveles de ocupación, también son figurados reiteradamente. Se aprecia, en cualquier caso, alguna relación significativa entre uno y otro lote de animales (figurados o cazados/consumidos), cuando se consideran sus conjuntos como expresiones de biotopos concretos dentro de las largas y varias circunstancias climáticas que se suceden en los Würm III y IV. Se explicarían así diferencias en la composición del bestiario presente en diversos paneles de apariencia no contemporánea de una misma cueva o de dos cuevas contiguas, como dependientes de las condiciones de clima y paisaje dominantes en aquellos parajes en las etapas en que se ejecutaron las representaciones rupestres.

Referencias a la figura humana.- Es habitual que las escasas figs. humanas (“antropomorfas” en término aceptado) se representen desnudas y con alteraciones intencionadas en cabeza y rostro: carecen de algunos rasgos esenciales (ojos, boca u orejas) o los presentan muy exagerados (así el perfil fronto-nasal o la boca). Suelen estar de pie, a veces con los brazos adelantados y el sexo muy marcado. Destacan en el arte rupestre penin. los antropoformos grabados de Hornos de la Peña y de Altamira, aparte de Altxerri, la Peña de Candamo y Los Casares. En el arte mueble, sólo la parte sup. de una fig. grabada sobre un hueso del magda. final de Torre puede ser referida con seguridad a lo humano.

Siluetas de manos reales (que por lo común se ofrecen “en negativo”, destacando en medio de una mancha de color soplado en torno, y excepcionalmente “en positivo”, pues se aplicaron impregnadas de pint.) aparecen en los santuarios casi exclusivos de manos de Maltravieso, Santián y Fuente del Salín, y las hay también, asociadas a diversas figs. animales, en Castillo y Fuente del Trucho y alguna en Altamira. Algunas “máscaras de difícil ref. entre lo animal y humano presentan rostros de frente aprovechando relieves naturales sugestivos. Hay 3 en Altamira y 2 en Castillo.

Los signos.- Son abundantes en el arte parietal los trazos (más pintados que grabados) que forman temas no realistas, a veces de composición complicada, obedeciendo a concretos estereotipos. Se les supone un valor simbólico o mágico, como signos. Los hay cerrados, de formas subrectangulares, subovales o triangulares; entre ellos están los llamados “tectiformes” del Castillo, Altamira , etc., “ “escaleriformes” de Escoural, triangulares de cueva Palomera, “escutiformes” o “emparrillados” de Herrerías, etc. Otros son abiertos, de trazos rectilíneos o relativamente complicados o en puntos, como los “claviformes” del Pindal, Altamira o La Pasiega, los “serpentiformes” o “meandriformes” de La Pileta y Fuente del Trucho, o las agrupaciones de puntos de Chufín.

En algunos sitios se dan familias o estilos de signos propios o de reducida expansión territorial. Hay además varios casos en que esos sencillos trazos son el único testimonio artístico de abrigos y cuevas de la zona (incluso de algunas que carecen de yacimientos): así El Conde, Cueto de la Mina, San Carlos, etc. Se discuten, lógicamente, su significado y su cronología.

Los utensilios de asta y de hueso, sobre todo los de empleo reiterado, portan múltiples marcas sencillas; se duda sobre su sentido ornamental, representativo o sólo utilitario. De forma excepcional – por ej., en azagayas y varillas de asta del Parpalló-, esos trazos ofrecen combinaciones bastante complejas.

Combinaciones de los temas.- Los artistas del paleo. sup. no disponían sus temas al azar ni tomaban indistintamente del repertorio de animales que conocían unas figs. y otras, sino que en su selección y combinaciones parecen responder a un esquema reiterado en el transcurso del tiempo y en las diversas zonas del SO, a un mitograma constante. El santuario rupestre paleo. contiene temas que se repiten en combinación –binaria o más compleja-, en ubicación y en “jerarquía”. La combinación habitual yuxtapone figs. de bisontes (o de toros) y de caballos; se completa el mitograma con alguna 3ª especie dominante (ciervo o cabra) y con diversos signos adicionales.

Aquel esquema combinatorio bisonte-caballo se presenta en la mayoría de los grandes santuarios rupestres. Pero es sustituido por otros en estaciones de carácter “menor” o en zonas concretas de grandes santuarios.

Las agrupaciones de figs., similares o no, sobre un mismo campo decorativo son relativamente frecuentes en el arte del último tercio del paleo. sup. Se constituyen, muchas veces, en “escenas”, siendo su asociación repetitiva, por imposición de simetría, aleatoria o más inmediatamente “dramática” o narrativa (en escenas de emparejamiento, maternales, de caza, etc.). Se presentan tanto en el arte parietal como en el mueble.

El Arte Paleolítico -Parte 2-

La cronología del arte rupestre

No es difícil decidir la inclusión de un panel de arte rupestre en el amplio conj. de representaciones del paleo. sup. occ.; diversos datos contrastados de tipo geológico, paleozoológico y temático o estilístico ayudan al diagnóstico. Mucho menos sencillo es precisar su concreta posición cronológico-cultural en el ámbito reconocido, entre el auriñaciense típico o el gravetiense y el final del magda.

El orden de las superposiciones del arte rupestre.- Determinadas superposiciones, como las tan valoradas por H. Breuil del gran techo de Altamira y de una zona del Castillo u otras, ayudan a definir una sucesión de estilos, técnicas o temas, aunque permanezcan serias dudas sobre los lapsos transcurridos entre las varias etapas determinadas en esas series de figs. acumuladas.

Se ha advertido una sucesión generalizada de más antiguo a más reciente de figs. amarillas/figs. rojas/figs. negras (así, en Castillo, Pasiega o La Pileta).

F. Jordá ha señalado, matizando opiniones de H. Breuil, hasta 5 “santuarios” en el techo de la sala de polícromos de Altamira. Se daría ahí una relación entre los temas de cada santuario o conj. gráfico y la realidad circundante; de manera que las variaciones en los temas y, sobre todo, en las clases de animales-eje implicarían, según la opinión de Jordá, “no sólo un cambio en la relación animal dominante/animales secundarios, sino también una nueva hª proia de un nuevo grupo humano”.

Las características del arte mobiliar recuperado en estratigrafía.- Bastantes obras de arte mobiliar proceden de un seguro medio estratigráfico que ayuda a fijar la sucesión cronológica de los estilos. Algunos piensan que hubo desfases parciales entre las etapas nucleares del arte rupestre y del mueble: mientras que áquel habría tenido su apogeo en el magda. inf. y medio, el de éste se produciría en sus fases sup. y final.

La más llamativa semejanza entre obras de una especie y otra de arte fue reconocida ya por E. Cartailhac y H. Breuil en 1906, entre figs. grabadas de lo rupestre del Castillo y Altamira y las de unas 30 placas óseas portátiles de aquellas 2 cuevas. Jordá y otros han insistido en la proximidad de diversas convenciones de figs. de animales del rico arte portátil del Parpalló y del estilo propio del arte rupestre mediterráneo.

Desarrollo de un depósito sobre partes de un friso parietal.- Esta situación se produce excepcionalmente y proporciona un seguro término cronológico ante quem para referir la realización de las figs. El abrigo de La Viña aporta seguros argumentos arqueo. para determinar la edad del trazado de su efectivo gráfico parietal relacionándolo con la estratigrafía del sitio. Decidido así el tiempo de ejecución del 1er. horizonte gráfico del sitio, se deduce el proceso de desarrollo ulterior de los grafismos en la zona.

Las dataciones absolutas.- No es difícil conseguir una “datación indirecta” del arte rupestre: es decir, no propiamente de las pints. y grabados sino de otros restos depositados en niveles relacionables con el tiempo de su ejecución. Así sucedió, por ej., en Tito Bustillo con niveles arqueo. que contenían restos de la pint. parietal o con un hogar de una zona de la cueva próxima a las paredes pintadas de Fuente del Salín.

La “datación directa” (es decir, de la propia materia pictórica) sólo ha sido técnicamente posible al aplicar el sist. AMS a la fechación C14. A partir de 1990 se están publicando las 1as. fechas directas de las pints. rupestres, como las de Altamira en 12380más190, 11990más170 y 11620más190, abriendo una serie muy amplia de bastantes pints. rupestres cantábrica.

La habitación en las cuevas y el arte parietal.- Parece evidente la contemporaneidad entre el arte mueble y las industrias y otros restos incluidos en los niveles de ocupación de las cuevas. Pero se puede discutir si son del mismo tiempo las figs. parietales del interior de una cueva y las ocupaciones que se sucedieron en la embocadura de la caverna.

En bastantes casos de cuevas con arte rupestre se puede asegurar que o no se vivió en sus zonas de embocadura o se hizo de modo tan reiterado a lo largo de amplios períodos del paleo. sup. (así en Castillo o en Santimamiñe) como para no permitir precisar demasiado la relación entre los usos de habitación y de ejecución artística en ellas.

Esquema general de cronología del arte paleolítico.- En la opinión mayoritaria de los prehistoriadores, el transcurso del arte paleo. penin. se puede organizar en 3 etapas básicas:

- Lo más antiguo se produce, a lo largo de más de 10 milenios, iniciado el auriñaciense, durante el gravetiense y en el inicio del solutrense. Es la fase que algunos llaman primitiva, abundante en perfiles animales de cuerpo abultado, con marcada línea cérvico-dorsal y escasos detalles de interior: como estilo “sintético” o “figurativo geométrico”. Los santuarios realistas exteriores (Hornos de la Peña, Venta Laperra, Chufín y La Viña), encajan aproximadamente en el modelo de esta etapa.

- Luego, una fase arcaica, durante el desarrollo del solutrense (sup. y final) e inicios del magda., continuando los esquemas animales propios del período anterior, en actitud estática pero con detalles anatómicos diferenciados (que aluden al pelaje y crines enhiestas o sugieran volúmenes). Serían buenos ejs. de este arte las figs. de Covalanas, de la galería principal de La Pasiega, etc., y el estilo “academicista” del área mediterránea; con el rico efectivo mobiliar del Parpalló como referente seguro de su evolución.

- Por fin, el gran desarrollo de las fases clásica y tardía, del magda. inf. al final, supondrá el máximo en nº y en riqueza expresiva del arte penin. Se aluden ahora con detalle los caracteres definitorios de cada animal mediante múltiples convenciones, se desarrollan técnicas complejas (de combinación de tonos, de pints. con grabados o de grabados de distinto tratamiento) para expresar volúmenes o coloraciones y aparecen, con mov. y mucho realismo (figs. retrospicientes, caminando o saltando), algunas escenas (con temas pareados, en hilera, etc.). Desde el magda. inicial, tal como ha advertido A. Leroi-Gourhan, se cuidan los encuadres de los temas y hay tendencia a alinear las patas de los animales en hilera sobre un suelo ficticio, el sugerido por alguna fisura o plano de estratificación de la roca de fondo.

Los más bellos santuarios rupestres penin. se produjeron en esta época “clásica”: Altamira, Castillo, Pindal, Tito Bustillo, etc. Las obras del arte mueble más cuidadas son también del magda. avanzado, con muchas figs. animales minuciosamente referidas en sus detalles anatómicos: tales, entre muchas, los bastones del Pendo y del Valle, la placa de Ekain o el tubo de Torre.

Teorías en torno a su significado

Desde los 1os. trabajos en que Lartet y Christy pensaron en él como una expresión del ocio (“el arte por el arte”), este tema ha estado siempre de gran actualidad. Los trabajos de los etnólogos como Tylor o Frazer ejercieron gran influencia al contar con estudios sobre los primitivos actuales, cuya vida material es en muchos casos semejantes a la de los hombres del Paleo.

Reinach buscó una explicación basada en el totemismo y a partir de él es significado mágico del arte rupestre fue tomando sentido, sobre todo en los trabajos de Breuil, Peyrony o el Conde Beguen. Para éstos el arte era la expresión de una serie de formalismos que el hombre Paleo. utilizaba para propiciar la caza y asegurar la fecundidad y abundancia de las especies de las que vivía.

Leroi-Gourhan, ha expuesto, basándose en parte en el trabajo de Laming-Emperaire, el hecho de que todas las representaciones que encontramos en una cueva reflejan dos polos de una temática. El ha denominado a estos polos A y B que son 2 animales que siempre se repiten: el caballo y el bisonte. El 1º representaría al hombre y el 2º a la mujer. De igual manera ha procedido con los signos. Los del grupo “a” o masculinos serían las líneas y puntos principalmente y los del grupo “b” o femeninos las vulvas, los triángulos y las líneas curvas. De esta manera la cueva no es un lugar aislado de propiciación de la caza, sino santuarios compuestos y organizados sistemáticamente.

Como ya se expuso en el tema anterior, dentro de cada santuario el nº de representaciones de cada animal es variable y una especie aparece como mayoritaria. Esto puede deberse a una mayor abundancia de este tipo de fauna en el biomedio donde se encuentra ubicada la cueva, o bien la preferencia del cazador, aparecen otros animales que se pueden calificar como de complementarios, pudiendo hablar entonces de una relación binaria: dominante/complementario que se presenta como el elemento básico de todo sist. religioso de los santuarios rupestres paleo.

El tema ideomorfo no está presente en todos santuarios, y es más abundante en unas etapas que en otras. Suponemos que son elementos de carácter simbólico, relacionados no sólo con lo religioso, sino también con lo social. Estos se pueden interpretar como símbolos de identificación de un grupo con un santuario, es decir una especie de emblema o blasón.

La concentración de temas sobre superficies limitadas, la superposición de unos sobre otros y los repintados de algunos, igual que la constancia en los modelos de combinaciones entre ellos, demostrarían la continuidad del sentido simbólico (de la “creencia” o del “rito”) del santuario en su conj. y de las figs. reproducidas, a lo largo del tiempo. Acaso las técnicas mismas del arte rupestre posean un valor simbólico propio: se ha escrito que no sólo resultan más espectaculares, por vistosas, las figs. pintadas sino que quizá sean las más imps. conceptualmente, las más significativas, de cada santuario.

Dispersión

Area cantábrica.- Pertenecen a ella la gran mayoría de cuevas que contienen representaciones rupestres. En ellas, por lo general, se completa un único santuario, aunque también son frecuentes los yacimientos en los que se hallan representadas figs. pertenecientes a distintos santuarios.

Durante las 1as. etapas del Paleo. sup. apenas si es dado rastrear la presencia de santuarios. Al Auriñacense se atribuyen una serie de grabados en trazo algo profundo de la cueva del Conde (Asturias), y al Gravetense pueden pertenecer las figs. rojas de Castillo I (Puente Viesgo) formado por series de puntos o discos asociados a manos, con claros paralelos con los mismos motivos de la cueva francesa de Gargas.

Durante el Solutrense los santuarios son algo más nosos. y su mayor parte se realizan mediante grabados de trazo profundo, rehundido en algún caso. En Asturias, el valle del Nalón ofrece los santuarios de Las Mestas, con un caballo acéfalo, haces de líneas y un posible signo vulvar, y los de La Viña, La Lluera, Murciélagos, etc., todavía en estudio. En el Gran Techo de Altamira I aparecen la cabra y el ciervo, mientras que en Hornos de la Peña I aparecen el caballo y el bisonte.

Las figs. rojas están representadas en esta etapa en Candamo I, en el valle del Nalón con mayoría de toros sobre caballo y cierva, acompañados por una forma angular. Las figs. negras aparecen en el santuario monotemático de S. Antonio (Asturias) con un caballo. Sin embargo, en otros santuarios como Castillo II, y Chimeneas I aparecen diversos animales, ciervos, caballos o bisontes, dominando distintos animales según el santuario. Suelen estar acompañados de ideomorfos.

Durante el Magda. inf. cantábrico abundan los santuarios de figs. rojas y grabados. Aparecen en ellos los 1os. antropomorfos, especialmente los de tipo claviforme, en sus 2 variantes, a los que se unen representaciones de vulvas y de escutiformes y además hacen de líneas de trazos gruesos, laciformes y series de puntos relacionados con series de escasos animales, apareciendo también los tipos llamados “tectiformes”.

En Pindal I y Chufín II domina el caballo. En Pasiega I y Castillo III lo hace el ciervo y en Tito Bustillo I el bisonte. También excepcionalmente aparece el mamut en Pindal I y Castillo III. El trazo de esta figs. es irregular y de torpe expresión.

Hay en el Cantábrico otros santuarios de figs. rojas pertenecientes a este periodo, en Castillo IV y Pasiega II, donde aparte de animales hay ideomorfos. Existe otra serie de santuarios de figs. rojas en las que son escasas las figs. de animales. Excepcional es el santuario de Llonín I con un antropoformo femenino, un serpentiforme o serpiente, parrillas abiertas y series de trazos o bastones. El resto son santuarios monotemáticos de ideomorfos.

La siguiente fase supone un desplazamiento de la pint. roja por el grabado de trazo múltiple y estriados con el que se trazan animales en los que domina la cierva, y carecen de representaciones ideomorfas (Castillo V, Altamira III, Llonín II, Pedroses I y Tito Bustillo II). Sigue una 2ª serie de trazo múltiple, en que los estriados tienden a desaparecer y donde no aparecen ideomorfos (Altamira IV, Hornos de la Peña II, Pasiega IV, etc.).

Una última fase del Magda. inf. lo forman las figs. rojas, pintadas al tampón, de Salitre I, Paisega V, etc., enlos que domina la cierva, salvo en La Haza, en que aparece el caballo, y carecen de ideomorfos, escepto un rectanguloide a tinta plana de Covalanas. Estas figs. de animales suponen un paso más hacia el realismo y el mov., con detalles anatómicos interiores y cabezas retrospicientes.

Durante el Magda. medio la expresión artística alcanza grandes cotas de realismo, se perfeccionan los intentos anatómicos y se llega a la bicromía, que en Altamira se une al grabado de trazo múltiple y estriados. El dominio del bisonte es general en todos los santuarios atribuibles a esta fase. Una 2ª serie de santuarios propia de esta fase comprende las figs. grabadas con los dedos sobre la arcilla blanda de decalcificación. En todas ellas aparece el toro como animal dominante y tienen como ideomorfo principal al meandro (Hornos de la Peña III, Altamira VI, etc.).

Los santuarios del Magda. sup. cantábrico se caracterizan por la desaparición de las figs. rojas y reaparición de las negras que prácticamente no habían sido utilizadas durante las anteriores etapas magdalenenses. Las figs. grabadas forman amplias series en los santuarios y parece perdurar la bicromía. Los animales aparecen representados con abundantes rasgos realistas y anatomías bastante correctas, aunque son frecuentes los contornos incompletos. Se utilizan tintas planas que recubren parcial o totalmente el animal. Los ideomorfos se hacen muy escasos. Reaparece el antropoformo, especialmente el tipo claviforme de la 1ª serie.

La serie posiblemente más antigua está formada por unos santuarios en los que aparece la cabra, como dominante o complementario (Ekain II, Castillo VII, Altamira VII…). Una 2ª serie de figs. negras, que en algunos santuarios aparecen acompañadas por grabados estriados. En unos santuarios aparece el caballo como dominante (Salitre III, H. de la Peña IV,…), mientras que el ciervo domina en otros (Pindal III, Candamo III y Buxu II). Otra serie de figs. negras comprende los santuarios de Altxerri II, en Ekain III, Monedas y Santimamiñe, en los que aparecen el oso en los 3 últimos y el reno en Altxerri y Las Monedas, siendo los dominantes el bisonte y el caballo. Otro santuario de esta etapa es Tito Bustillo III que junto a un nº imp. de figs. negras contienen un pequeña serie de polícromos de técnica distinta de la de los de Altamira, ya que se trata de amplios difuminados de color con detalles en negro.

Resto de la Península.- Su nº es muy pequeño y se encuentran muy desigualmente repartidos. Los más antiguos ofrecen series de figs. grabadas o pintadas de amarillo de época solutrense (línea

cervicodorsal sinuosa, extremidades apenas figuradas, hocicos tipo “pato”, arranque en escalón de las crines, etc.). A las figs. grabadas pertenecen 3 santuarios: Casares I, La Griega y Trinidad I. El 1º, situado en el valle alto del Tajo, se encuentra infrapuesto a otros santuarios de la misma cueva y contiene figs. grabadas de trazo fino, en las que el caballo domina sobre toros, ciervos y cabras que se acompañan de trazos lineales y algún angular. La Griega (Segovia) en el valle del Duero tiene una serie de figs. grabadas de caballos, dominando a ciervos acompañados de ideomorfos reticulados de forma alargada.

En la región malagueña, encontramos Trinidad I, con figs. de ciervos que dominan a caballos y otros animales unidos a ideomorfos variados. También pertenecen al Solutrense las figs. en ocre amarillo de Trinidad II y Pileta I. En el 1º hay ciervas con manchas amarillas y en el 2º los caballos dominan sobre otros animales.

Durante el Magda. inf. siguen los santuarios de figs. grabadas de Casares II y del Reguerillo, y se desarrollan los de figs. rojas en Atapuerca, Maltravieso, Escoural I, Pileta II, Navarro I e Higuerón, en algunos de los cuales aparece la temática antropomorfa. Casares II es un extraordinario santuario de antropomorfos, que se superponen a caballos y toros del santuario anterior y forman escenas de evidente contenido religioso. En una de ellas, 2 antropomorfos (varón y hembra) realizan la unión sexual ante un mamut. Otra escena parece desarrollarse en un medio acuático, con figs. de peces, el mayor de los cuales asciende hacia la superficie del agua al encuentro de un antropomorfo asexuado, que se dirige al gran pez con los brazos abiertos.

La serie de santuarios de figs. rojas se inicia en Atapuerca (Burgos), de tipo monotemático, con una cabeza de caballo. más al Sur, en Cáceres, el santuario de Maltravieso, de figs. rojas a tinta plana, ofrece una serie de manos relacionadas con ideomorfos trianguliformes. El santuario portugués de Escoural I, con una cabeza de caballo y otros animales no identificados, ofrece ideomorfos de trazos paralelos y trazos radiados. El santuario de Navarro I contiene imps. series de ideomorfos de tipo lineal, asociados en haces y nosos. grupos alineados o no, que acompañan a una serie de figs. ovales y abiertas en cuyo interior hay pequeños trazos, que ha de considerarse como monotemático.

Al Magda. medio hay que atribuir los santuarios de figs. grabadas del área castellano-portuguesa de Casares III, La Hoz, Domingo Garcia y Mazouco. Casares III contiene un grupo de animales (toro, bisonte, rinoceronte lanudo, león y un posible córvido), grabados con trazo profundo y modelante. Los santuarios del sur penin. del Niño II, con ciervas dominantes y 2 serpientes y Nerja con una serie de peces con rayado interior, junto con cabras y caballos, asociados a series de puntos, serie que pertenece a las figs. rojas.

Una serie de santuarios de figs. negras debe atribuirse al Magda. sup., como el de Penches (Burgos) con cabras grabadas y matizando su interior con difuminados negros, además de ideomorfos grabados de haces de líneas. También abundan las figs. negras en Cueva Palomera. En Pileta IV y Trinidad IV (Málaga) aparecen respectivamente cabras y ciervas asociadas a otros animales y diversas figs. También hay figs. rojas como en Fuente del Trucho (Huesca) con caballos asociados a manos, que por una proximidad a la región pirenaica francesa se han supuesto del ciclo auriñacogravetense aunque sus pints. podrían ser más recientes. Una pequeña serie de manos en negro en la misma cueva, señalan la supervivencia de santuarios dentro del Magda. final.

El Epipaleolítico -Parte 1-

Características generales

La instauración de condiciones climáticas atemperadas, con el final de la última glaciación, acelera la liquidación (el cambio) de las culturas del paleo. avanzado. La oscilación de Alleröd, acabando el tardiglaciar, abre el proceso de asentamiento definitivo de las condiciones de clima y de paisaje actuales, apenas interrumpido por el último episodio frío del würmiense (el Dryas III). El fuerte aumento de la pluviosidad y la elevación de las temperaturas en Alleröd facilitaron la consiguiente expansión del bosque templado por muchas zonas protegidas de la Península.

En los comienzos del holoceno, el período Preboreal ofrece en los porcentajes de especies vegetales un ascenso generalizado de olmos, robledal y hayas, avellanos o abedules en los diversos parajes del SO europeo. La templanza generalizada del siguiente período Boreal (c.6800 a 5500 a. C.), con situaciones regionales de fuerte sequía, favorece la expansión de amplias masas de pinos en ambientes de influjo mediterráneo o de interior, y de otros árboles caducifolios en las regiones húmedas de la fachada atlántica. A continuación, durante el período Atlántico (c.5500 a 3000/2500 a. C.), hay un cierto enfriamiento de temperaturas y un aumento de pluviosidad: ese clima suave y bastante húmedo acogerá la expansión de las formas culturales del neolítico por Europa occ. En esos 3 ó 4 milenios de la 1ª parte del holoceno se produjo una acelerada transgresión marina que sitúa los niveles de las aguas del Atlántico en sus cotas actuales.

El término de epipaleo./mesolítico engloba las situaciones culturales del 1er. tercio del poswürmiense: unas parecen más supervivencias (y perduraciones más directas) del inmediato paleo. sup. (epipaleolítico), mientras que otras despliegan más ciertas innovaciones peculiares de una nueva situación intermedia entre el precedente paleo. y el posterior neolítico (mesolítico). Lo caracterizan la proliferación de facies especializadas en la explotación local o estacional y la tendencia al asentamiento de las pobs. (cuevas acondicionadas y chozas o campamentos de hábitat agrupado). La captura de grandes ungulados se acompaña de una mayor atención a otras especies de talla menor: mamíferos (conejos o liebres) o aves. Se incrementa la explotación de los recursos acuáticos, por la pesca y el marisqueo. Al mismo tiempo que el bosque caducifolio proporciona un interesante repertorio de recursos complementarios de árbol, de sotobosque y de matorral: recolección de frutos y bayas enriquece sensiblemente la dieta alimenticia de aquellos cazadores y pescadores.

El arte naturalista del magda. parece desaparecer casi por completo al final de la última glaciación. A lo largo del epipaleo. domina un arte “simbólico” de trazos rectilíneos o de puntuaciones en combinaciones bastante sencillas, exclusivamente en manifestaciones portátiles.

Contadísimas excepciones de representación animalista se anotan en algunas estaciones del levante en figs. grabadas sobre trozos de piedra, en contextos arqueo. de difícil precisión. El catálogo de cantos pintados del aziliense cantábrico ofrece su mejor repertorio en la colección de la cueva de Los Azules. También al aziliense cantábrico aparecen sobre soportes de piedra y de hueso grabados en líneas agrupadas en temas sencillos: así las de una placa arenisca de Berroberría en disposición radial o las de algunos cantos de Morín y Balmori. En las excavaciones de Arenaza I se están recuperando fragmentos óseos planos con marcas transversales o en haces, en cuadrículas, etc.

Se detectan entre las pobs. del epipaleo./mesolítico penin. comportamientos precisos en lo funerario que sugieran la existencia de un ritual formalizado en cuanto a ofrendas y disposición de los cadáveres.

En un suelo aziliense de la cueva de Los Azules se preparó una fosa ovalada en la que fue colocado el cadáver con la cabeza adosada a la pared rocosa, en posición de decúbito dorsal con los brazos hacia abajo algo replegados. Todo se cubrió con un túmulo de tierras, parcialmente resguardado por lajas de piedra. Del mesolítico avanzado en la cueva de Los Canes (Asturias) son 3 tumbas bien conservadas, en forma de fosa de planta alargada y oval, conteniendo restos bastante completos de otros tantos cadáveres (más las extremidades infs. De un 4º): 2 de los muertos fueron colocados en decúbito supino con las piernas fuertemente flexionadas hacia el cuerpo, y el otro tumbado ligeramente de costado con los brazos extendidos a lo largo del cuerpo y con las piernas en flexión. Se han descrito, también, los ajuares asociados a esos inhumados de Los Canes: abundantes caracoles y restos animales en una de las tumbas, 2 testuces de cabra, un bastón perforado y elementos de un collar de conchas de mar y dientes perforados de ciervo en otra, y restos de un animal depositado en la 3ª de ellas.

Peculiaridades del utillaje en piedra tallada y de la disposición de los yacimientos caracterizan 3 grandes grupos culturales: como más directos herederos de las culturas terminales del paleo. (aziliense o facies laminar levantina), como usuarios de elementos macrolíticos sobre guijarros (el asturiense y otras manifestaciones próximas), o como productores de un cuidado utillaje de “puntas” geométricas (facies geométrica levantina o concheros portugueses). Las condiciones de las diversas regiones matizan ese cuadro general: en el cantábrico se asiente el aziliense, y en una parte del territorio el asturiense (cultura de los concheros); en Galicia y Portugal hay manifestaciones macrolíticas y una imp. concentración de concheros con geométricos (Concheros del Muge); en el levante se plantea la sucesión de las facies microlaminar (S. Gregorio de Falset, Mallaetes) y geométrica (Filador, Cocina).

Análisis de los conjuntos en la zona cantábrica

Dos son los conjuntos industriales encontrados en los yacimientos epipaleo. cantábricos: La cultura Aziliense, es el más imp. y numeroso. Series instrumentales microlaminares talladas en sílex y de borde rebajado, derivados del Magda. sup. final. Y, la cultura Asturiense, de tipos macrolíticos, caracterizada por el “pico asturiense”, instrumento tallado sobre nódulo de cuarcita, con técnica de grandes lascas que recuerdan el Paleo. inf.

El Aziliense

Se produce en esta ápoca una relativa evolución de parte del equipamiento en utillaje y la práctica desaparición del arte figurativo precedente. Se siguen habitando la mayor parte de las cuevas, adaptándose las pobs. A la caza de las especies más abundantes (ciervo, cabra montés y rebeco/sarrio, además del corzo y el jabalí) y a una explotación intensa y diversificada de otros recursos (litorales o del medio vegetal).

La cultura aziliense muestra su máxima densidad de estaciones en la región cantábrica y en la vertiente N. del Pirineo, de donde parece que se fue expandiendo hacia zonas inmediatas del SO francés. En la Pen. Ib. queda circunscrito a la fachada cantábrica. Se conocen cerca de medio centenar de yacimientos azilienses en estratigrafía de cuevas: La Paloma, cueva Oscura de Ania, cueva Oscura de Perán, Los Azules, Cueto de la Mina, La Riera, Balmori, etc., en Asturias; La Meaza, La Pila, El Castillo, El Pendo, Morín, Camargo, El Piélago, El Rascaño, Salitre, El Otero, etc., en Cantabria; Arenaza, Silibranka, Bolinkoba, Atxeta, Santimamiñe, etc., en Vizcaya; Ermittia, Urtiaga, Ekain, etc., en Guipúzcoa; y Berroberría y Zatoya, en Navarra.

Los niveles de esta cultura se sitúan en la mayoría de las estaciones directamente (o intermediando un horizonte estalagmítico) sobre el magda. terminal; a veces, incluso, comparten ambas culturas el mismo medio estratigráfico.

Desde el Dryas medio (c. 10300 a 9800 a. C.) se esboza un proceso de “azilianización” en yacimientos del Pirineo francés, empezando a revelarse el aziliense propio en algunos lugares desde el comienzo de la oscilación de Alleröd. Dataciones absolutas por C14 asegurarían al aziliense del frente norte penin. una vigencia de unos 3 milenios, entre los límites de inicios del Alleröd e inicios del Boreal (Urtiaga), aproximadamente 8500 a 7000 a. C. Son ahora abundantes las laminitas de dorso apuntadas (“puntas azilienses”) y los raspadores frontales cortos (algunos microlíticos), bajando sensiblemente las proporciones de buriles. El utillaje óseo experimenta una reducción. El fósil característico de la época es el “arpón aziliense” de asta, de sección aplanada, con una peculiar perforación en su base en forma de ojal y proporciones más anchas y cortas que las de los magda. Las decoraciones de algunos soportes óseos se reducen a trazos rectilíneos o a puntuaciones alineadas; en algunos cantos rodados se hicieron pints. en rojo o en negro con motivos bastante elementales (Los Azules I).

El Asturiense

más de 30 estaciones del asturiense, casi todas en cuevas o abrigos, se concentrasn en un tramo bastante reducido del litoral cantábrico. La gran densidad de yacimientos se produce entre las cuencas de los ríos Sella y Cabras/Calabres (Penicial, La Riera, Cueto de la Mina, Tres Calabres, Balmori, Bricia, Arnero, Coberizas, etc.) y al E. de Asturias (Mazaculos/La Franca, Colombres, etc.).

El instrumento más característico del asturiense es el “pico”, elaborado a partir de un canto aplanado con retoque unifacial que lo apunta. El resto del utillaje en piedra tallada es bastante simple, realizado sobre todo en lascas. En hueso se fabricaban pequeñas piezas biapuntadas que servirían de anzuelos, y en asta unos peculiares bastones/horquillas.

Las gentes asturienses estaban especializadas en la explotación de los recursos costeros (Cultura de los concheros). Sus yacimientos se sitúan normalmente sobre la plataforma litoral, en zonas de fácil comunicación tanto hacia la línea de costa rocosa y de ensenadas como hacia el interior del país. La recogida de crustáceos, percebes, erizos de mar, diversos moluscos y peces de roca y playa supone una explotación integral de los recursos costeros, que se completa con la caza de ungulados propios de bosque y sotobosque (corzos, jabalíes y ciervos), especialmente crías, y de otros de zonas próximas de roquedo (rebecos y cabras). Luego se amplía el efectivo con las especies de parajes más abiertos de costa en la banda descubierta por bajamares, y al final del asturiense se recogen las que habitan en rocas de aguas batidas (percebes, por ej.).

Las dataciones C14 precisan el desarrollo del asturiense cantábrico desde comienzos del 8º milenio hasta poco después de concluido el 6º (Mazaculos II en 7340más440, Coberizas en 5150más170), prolongándose en un inmediato postasturiense en las fechas de los concheros de Les Pedroses (3830más180) y La Lloseta (2510más660), ya en contexto “neolítico”. Las fechas más antiguas del asturiense se solapan con las del aziliense de algunos yacimientos de la zona cantábrica.

Los orígenes del asturiense son imprecisos, ya que por sus características industriales –instrumentos macrolíticos de talla unifacial- representan un modelo cultural opuesto totalmente al microlitismo epipaleo. Seguramente han de considerarse como propios de una cultura arcaizante, cuyo origen hay que suponer en el área atlántica, en las que perduraron largo tiempo las culturas del Paleo. inferior.

El Epipaleolitico -Parte 2-

La presencia del Epipaleolítico en el litoral atlántico

Conjuntos macrolíticos.- Diversas “culturas” definidas hace algún tiempo dentro del horizonte arcaizante de lo macrolítico (trabajo de guijarros de estilo languedociense) están siendo ahora reconducidas a sus justos límites cronológicos, étnicos y funcionales. Ya Obermaier y Vega del Sella advirtieron el carácter pospaleolítico, o “preneolítico”, de los depósitos del camposanquiense gallego, como conj. relacionable con el del asturiense acaso en sus etapas avanzadas.

El problema de definición cronológica de esos conjs. Macrolíticos es común a muchas colecciones de superficie de la cuenca del Miño, en la zona limítrofe de Galicia y Portugal, donde aparecen utensilios sobre guijarro (algunos de tipología próxima a los picos asturienses, otros como hachas o hendedores) y restos de concheros.

Los concheros portugueses.- En 1863, C. Ribeiro descubrió en el Bajo Tajo –zona de Muge- los 1os. concheros; desde entonces se han prospectado y excavado parcialmente más de 2 docenas de estos yacimientos caracterizados por el gran acúmulo de conchas que allí fueron abandonando los prehistóricos. Su mayor concentración se da en el centro-sur de Portugal, en las cuencas del Tajo (región de Muge) y del Sado. Se trata de sitios no exactamente de costa marina sino de orilla de río, un poco al interior del país, adonde llegan con las mareas las aguas salobres en que vive una variada pob. De moluscos, de crustáceos y de peces. Allí, en parajes planos y arenosos, se establecieron las chozas de los que se dedicaron al aprovechamiento de esas especies acuáticas y de caracoles terrestres y a la caza de ungulados y de aves.

Dataciones por C14 precisan que se empezaron a ocupar algunos de esos poblados/campamentos desde mediados del 6º milenio y su continuidad durante bastante tiempo, hasta avanzado el neolítico.

En Moita do Sebastiao se conservaron bien las cabañas del campamento. Se alzaban en el suelo natural de la terraza cuaternaria, encima de un basamento compuesto de una mezcla de cantos rodados, conchas y tierra batida; postes clavados en el suelo tanto en derredor de la cabaña como en algunos puntos de su recinto sostenían una cubierta de ramaje trabada y consolidada com plastones de arcilla. Cerca del poblado está la zona que acogió, como necrópolis, diversas inhumaciones.

El utillaje de piedra tallada de quienes vivieron en esos sitios se integra, con bastante propiedad, entre el bien conocido de las facies geométricas del mesolítico del levante español. En industria ósea se elaboraron piezas aguzadas y espátulas o alisadores. Los sist. de aprovisionamiento y la ocupación de esos sitios se mantuvieron bastante uniformes en todos ellos. Pero fueron cambiando según pasaba el tiempo, las proporciones del utillaje de piedra tallada, marcándose así una evolución en parte paralela a la del modelo apreciado en el levante en la cueva de la Cocina.

La región mediterránea

La revisión del conj. de yacimientos epipaleo. de la franja mediterránea española permitió a J. Fortea individualizar 2 complejos industriales distintos, en parte sucesivos en el tiempo, aunque no sea demostrable su filiación: el microlaminar como más antiguo y el geométrico como el más reciente.

El complejo microlaminar.- Los conjs. de industrias microlaminares aparecen como la evolución terminal del magda. Son una concreción del epigravetiense tardío. Se caracterizan por el dominio proporcional de raspadores sobre buriles y por la abundancia de laminitas de dorso. más de medio centenar de yacimientos se le atribuyen. Se extienden por la franja levantina desde la prov. De Giran hasta la de Cádiz, ofreciendo especiales concentraciones en Tarragona/Lleida (S. Gregori, l’Areny, etc.), levante y SE, de Valencia a Almería (Mallaetes, Maravelles, Ambrosio, etc.) y litoral de Málaga (Hoyo de la Mina, Nerja, etc.). Y se está identificando por toda la cuenca del Ebro: Las Forcas I y II en Huesca, Kanpanoste en Alava, etc.

Según las proporciones internas de los grupos de instrumentos se han señalado en el seno de ese complejo microlaminar 2 facies distintas: del tipo Sant Gregori (Tarragona) y del tipo Mallaetes (Valencia). Una y otra tienen un desarrollo temporal similar a los largo de más de 2.500 años (desde 9500 a 7000 ó 6500 a. C.). El llamado complejo Sant Gregori ofrece un porcentaje elevado de raspadores (bastantes sobre lascas), notable proporción de laminitas de dorso y bajísima cantidad de truncaduras, perforadores y buriles. En esta facies se incluyen los niveles del sitio epónimo y algunos catalanes más (l’Areny, la Cova del Vidre, etc.) y alicantinos (Pinar de Tarruella, Cova del Gargori, etc.). La facies Mallaetes presenta menos raspadores, mayor nº de buriles y hojitas de borde rebajado. Este yacimiento persiste hasta la llegada de las 1as. cerámicas cardiales. A ella se adscriben la mayoría de las estaciones del tramo central del levante (Rates Penades, Maravelles, Empardo, etc.) y del Se y de Andalucía oriental (Búho, Ambrosio, etc.).

El complejo geométrico.- En el epipaleo. pleno y reciente (= mesolítico) se produce el característico complejo industrial geométrico, en el que se advierten matices comunes a otros horizontes culturales transpirenaicos (sauveterriense, por ej.). La transición del complejo microlaminar al geométrico se aprecia en los niveles VII y VIII-IX de la cueva del Filador.

La carta de distribución de yacimientos del complejo geométrico ofrece en el área mediterránea su máxima concentración en el Bajo Ebro y zonas próximas (Filador, Cogul, El Pontet, etc.) y en el tramo central del levante (Valltorta, Cocina, Or, Sarsa,etc.). Aparte de ese territorio inmediatamente litoral, se reconoce un similar horizonte cultural de geometrismo en tierras interiores penin., en Teruel (Doña Clotilde, etc.), Alto Ebro (Zatoya, Peña, etc.), en las sierras de Jaén y en diversos lugares de la Meseta, cuya directa filiación con respecto a aquel foco mediterráneo resulta, por hoy, difícil de demostrar.

El complejo geométrico se organiza en 2 facies: tipo Filador y tipo Cocina. El tipo Filador presenta un equilibrio entre raspadores, hojitas y piezas con escotadura, que a veces alcanza el 65% de las series. Abundan las hojitas de borde rebajado y los geométrico, pero faltan los trapecios. El tipo Cocina distingue 4 horizontes, siendo los 2 inferiores epipaleo., con triángulos, semicírculos, segmentos y empleo del retoque a doble bisel. Relacionados con el complejo tipo Cocina se encuentran los materiales de la cueva Pequeña de la Huesa Tacaña (Villena) y de Sol de la Piñera.

El Arte Rupestre Levantino

En frentes rocosos y abrigos de una amplia franja del territorio levantino se ha conservado un conj. de representaciones pintadas que constituye uno de los legados más originales y vivos de la prehistoria europea. Las 1as. identificaciones de ese arte se publicaron en 1907 y 1908, al describir las “rocas dels moros” de Cretas (Teruel) y de Cogul (Lleida). Hoy pasan de 110 los frisos rupestres con esas representaciones, donde se han estudiado casi 8.000 temas, de los que más de 3.000 son figs. humanas.

Situación. Yacimientos.

Las pints. se presentan en abrigos y covachos de poco fondo o en planos de roca prácticamente al aire libre, apenas protegidos de la acción de los agentes atmosféricos, que no reúnen condiciones para el establecimiento de un hábitat continuo, situados en una banda del país relativamente próxima a la costa a lo largo del frente mediterráneo, casi siempre en parajes de montaña, de relieves abruptos y clima bastante extremado, al interior del pasillo de las llanuras costeras de la franja litoral. Por lo común se agrupan esas estaciones de arte rupestre en conjs. ubicados en las partes altas de barrancos y de cabeceras de ríos, cerca de puntos de agua y de los sitios más adecuados para la caza de diversos ungulados, que aparecen precisamente representados en esos abrigos.

El área de dispersión del arte levantino tiene su límite septentrional en el abrigo de Cogul (Lleida) y en los covachos de Rojals (macizo de Prades, Tarragona). El grupo de Vélez Blanco en Almería y la cueva de Las Grajas (Topares) en Granada marcan el límite meridional de esta área artística, aunque otras manifestaciones aisladas se han determinado en zonas más alejadas de andalucía: en términos de Aldeaquemada (Jaén) y Casas Viejas (cueva de la Pretina, en Cádiz).

Como centros notables, por el nº de estaciones e interés de sus pints., son destacables los de Alacón y Albarracín en Teruel, los de Morella y barranco de la Valltorta en Castellón, los de Dos Aguas y Bicorp en Valencia y los de Alpera, Minateda y Nerpio en Albacete.

Algunos tienden a ordenar esta dispersión de estaciones levantinas en 2 grandes áreas, según los rasgos comunes de estilo y temática: la septentrional (desde Huesca/Lleida hasta Castellón/Cuenca) y la meridional (Valencia, el SE. y las pints. andaluzas).

Características.

- Técnicas.-

El arte levantino se manifiesta a través de la pintura, que domina mayoritariamente, y a través del grabado. Los grabados plantean dudas respecto a su seriación y posición cronológica.

La pint. utilizó en ocasiones, por medio de un trazo pintado, el sist. de la delimitación externa previa de la fig. a representar. Pero a veces no llega a cubrir con pint. toda la fig. delimitada, sino algunas zonas concretas. En general, la técnica más usada es la pint., y dentro de ésta la de tintas planas, lo que impide la representación de la 3ª dimensión, implicando una relativa pobreza en los recursos técnicos. Para hacer destacar determinados detalles o aspectos de las representaciones, como detalles anatómicos, ornamentos, movs., etc., se empleó, a su vez, el trazo lineal, también llamado trazo caligráfico.

- Color y tamaño.-

Cada motivo fue representado originalmente en un solo color, en consecuencia, la policromía e incluso la simple bicromía están ausentes.

Los colores utilizados fueron, por orden de frecuencia, el rojo en sus distintas gamas, el negro y el blanco, este último concentrado en las pints. de la Sierra de Albarracín (Teruel).

El tamaño de las figs. suele ser reducido.

- Estilo.-

El calificativo de naturalista resulta con una valoración más convencional que real y sólo válido, si se usa en sentido global, para resaltar su contraste con el arte esquemático.

La perspectiva y, en consecuencia, la 3ª dimensión no existen. Tampoco se observa, una ordenación de las figs. de acuerdo con criterios preconcebidos. Sin embargo, parece que se trata de suplir esto por medio de un concepto de la composición bien establecido y de una determinada disposición de las figs. en un conj. Ejs. de ello se encuentran, entre otros, en la distribución en diagonal de una figs. de arqueros corrientdo de Val de Charco del Agua Amarga (Alcañiz, Teruel).

Características del arte levantino son la idea de la composición y el extraordinario dinamismo y vitalidad de gran parte de sus figs. Se dispone de una valiosa información sobre aspectos etnográficos de estas sociedades prehistóricas, que la pura arqueología sería incapaz de reconstruir con la sola ayuda de los datos que se extraen de las excavaciones, la mayoría de ellos de carácter material.

Propio también de este arte es la diferente manera de tratar a sus protagonistas esenciales: antropomorfos y zoomorfos. Para la representación de los zoomorfos, estáticos o en mov., aislados o formando parte de composiciones, se reserva un canon más naturalista o formalista, destacándose detalles concretos. Los antropomorfos manifiestan la aplicación de un canon más convencional, tendente claramente a la estilización en sus distintos grados.

Temática. Interpretación.

La temática resulta más compleja por la multiplicidad de escenas que por los motivos básicos representados (figs. humanas y animales). El paisaje no está reflejado.

Figuras humanas.- Son el gran eje sobre el que gira este arte. Aparecen en diversas actitudes, posiciones y actividades. A pesar de indicarse detalles de vestimenta y ornamentos personales, no se destacan rasgos físicos individualizados, salvo en contadas ocasiones y de forma somera. La diferenciación sexual tampoco está siempre claramente indicada, a pesar de que la mayoría de los varones aparecen desnudos.

El hombre y la mujer han sido representados en actitudes y ocupaciones distintas, a la vez que con detalles diferenciales en adornos y vestimenta, lo que ayuda en general a contemplar una división del trabajo, actividades y comportamiento por sexos.

Entre las actividades del varón destaca la caza en sus distintos procesos (ojeo, persecución, ataque directo, e incluso cobro de piezas) y las relaciones con la lucha y aspectos militares. Las escenas de cacerías son las más nosas. Como ej. de dinamismo baste citar la de Cueva Remigia (Ares del Maestre, Castellón), en la que el objetivo lo constituyen cabras, ciervos y jabalíes. Conjs. Bélicos, notables por su vitalidad, aparecen en las estaciones castellonenses de Roure (Morella) y Les Dogues (Ares del Maestre).

Aunque la mayoría de los hombres aparecen desnudos, en algunos yacimientos se revela el uso de faldellines o calzones cortos y amplios. Así mismo, parece deducirse el uso de bandas arrolladas a las piernas como protectores. El ornato personal muestra ser ampliamente variado. Como adornos de cabeza figuran los tocados de plumas y los “gorros” y “sombreros” de formas variadas, además del tratamiento del cabello en peinados varios, a veces sujeto con una atadura, o quizás diadema, sobre la frente. El armamento del varón, como cazador y guerrero, consiste preferentemente en el arco y las flechas.

La mujer aparece con menos frecuencia que el varón, tanto aislada, como formando parte de grupos que parecen responder a estampas de la vida diaria y doméstica. El uso de armas parece estarle negado, y nunca participa en las actividades cinegéticas o bélicas. El trabajo de la tierra parece compartirlo con los varones. También participa en las danzas. En general, en las representaciones femeninas se acusan manifiestamente los senos y las nalgas. La vestimenta es más variada que la del varón, destacando el uso de faldas amplias, ajustadas a la cintura y con un largo que alcanza los tobillos. Los adornos y el peinado no se diferencia del de los varones. Los tocados son menos complejos que los del varón.

Tema animal.- Es el otro gran protgonista de este arte. Los zoomorfos aparecen tanto aislados como en grupos, formando manadas, en reposo, pastando, en actitud de alerta o en mov. rápido. Lo más frecuente es que aparezcan en relación con representaciones de hombres, como objetivo directo de las actividades cinegéticas. Según teorías expuestas por F. Jordá, parece detectarse un culto al toro (hombres con máscaras de bóvidos, máscaras exentas de éstos…). La misma cuestión parece reflejarse respecto al ciervo.

La fauna representada está compuesta principalmente por ciervos, cabras monteses, toros y jabalíes. Los équidos son bastante infrecuentes.

Escenas.- Destacan por su nº y variedad las de caza. A través de ellas puede seguirse el proceso de la actividad, que parece estructurada y ampliamente organizada y dirigida. La reiterada representación de este tipo de escenas, aboga, en principio, por una sociedad inmersa en un horizonte no productor, por lo que la mayoría de los especialistas en el tema atribuyen un horizonte epipaleo. a la mayor parte de las manifestaciones artísticas levantinas.

La domesticación de los équidos está reflejada en algunas estaciones. El caso más claro de monta es el del jinete, con casco con cimera, de la estación de Cingle de la Mola Remigia, en el barranco castellonense de la Gasulla (Ares del Maestre), aunque las características del tocado y los detalles del atalaje hacen bajar su fecha a los inicios del I milenio a. C., resultando, por tanto, atribuible a los momentos finales del arte levantino. La domesticación del perro se plantea, aunque con reservas, en Alpera (Albacete). La domesticación de cápridos se estima especialmente en el yacimiento rupestre de la Cañada de Marco (Alcaine, Teruel).

La recolección natural de productos silvestres está bien representada en la conocida escena de la recolección de miel de la Araña (Bicorp, Valencia). La explotación de vegetales, bien cultivados anteriormente, o bien fruto de una simple recolección natural, está escasamente representada, resultando más sujeta su existencia a la interpretación personal de los investigadores.

En realidad, la información objetiva que se tiene sobre el horizonte económico resulta mayoritariamente no productor. De ahí, como antes se indicó, parten las bases principales argüidas por varios autores para encuadrar culturalmente en un mundo epipaleo. la mayor parte del arte levantino, reservando para sus finales el horizonte productor.

Las escenas guerreras y de lucha pueden responder indistintamente, según interpretaciones, tanto a enfrentamientos reales entre grupos, como a escaramuzas simuladas o a danzas bélicas. En conjunto dejan entrever una estructura organizativa y una dirección asumida por un personaje, que a veces se destaca de los demás por su situación dentro de la escena o por su ornato, tal como puede observarse en las antes aludidas estaciones castellonenses de Les Dogues y Roure. No flatan las representaciones de hombres heridos por flechas, abatidos o yacentes, frente a grupos humanos que levantan los arcos sobre sus cabezas. En conj., las escenas bélicas muestran una sociedad con un planteamiento militar bien organizado.

Un aspecto muy interesante de este arte son las escenas que dejan entrever un trasfondo de ceremonias, creencias, ritos o incluso simples actividades lúdicas. A través de las escenas de danza, se han citado cultos de signo “agrario” relacionados con la fecundidad, e igualmente cultos fálicos, reflejados en algunos yacimientos, como la tan conocida escena de Cogul (Lleida), y la más reciente del barranco de los Grajos (Cierza, Murcia).

En conj., el levantino es un arte con un gran sentido historicista, narrativo y de gran viveza, que refleja aspectos materiales, socioeconómicos y religiosos de las sociedades que fueron sus autores. A efectos paletnológicos resulta el más informativo de todos los grupos de arte rupestre peninsular.

Cronología.

El problema más complejo que plantea el arte levantino es su cronología. Hace bastantes años, los mapas de distribución del arte rupestre prehistórico penin. se ordenaban en 3 estilos y zonas de concentración de apariencia significativa: lo francocantábrico se asentaba en el frente septentrional, lo levantino tenía su área propia en el frente mediterráneo entre el Bajo Ebro y el SE., y lo esquemático aparecía por casi todas partes (sobre todo en zonas interiores y en el NO. Galaico). De ahí se derivaba una parte de los argumentos utilizados para asegurar su datación: lo francocantábrico reconocido como propio del paleo. sup. y lo esquemático con un desarrollo nodal en la E. de Bronce. Mientras que lo levantino sería para unos contemporáneo de lo francocantábrico, para otros se tomaba como intermediario entre lo paleo. y los esquemático, otorgando así a este arte propio del frente mediterráneo español una cronología básicamente epipaleo. Hallazgos recientes diluyen la nitidez de aquellos límites de áreas artísticas.

H. Breuil y H. Obermaier, dedicados en el 1er. tercio del S. XX al estudio de nosos. conjs. de arte penin., y P. Bosch Gimpera defendieron de modo sistemático la atribución del estilo levantino al paleo. sup.: 2 etnias dif. pero contemporáneas, serían las que habían producido el arte de estilo francocant. y este otro del levante español. Según ellos lo levantino se habría originado en el ámbito de lo “capsiense”, de influjo norteafricano, con una relación paralela con obras del gravetiense transpirenaico: de ahí surgiría este peculiar estilo levantino en pleno paleo. sup., perdurando en el holoceno.

El gran intento de periodificar el desarrollo interno del arte levantino por H. Breuil en 1920 partía de la apreciación de hasta 13 horizontes –“capas”- superpuestos en los conjs. de Minateda, diferenciados por el color, la técnica o el estilo de las figs. En conocidas síntesis, E. Ripoll y A. Beltrán concretaron las etapas de la evolución de este arte en 4 fases: una I, antigua o “naturalista”, “de tradición auriñacoperigordiense… contemporánea del epipaleo.”, entre 6000 y 3500 a. C., con su apogeo antes de 5000; la II, plena, “estilizada estática” a partir de 4000; la III, de desarrollo, “estilizada dinámica”, entre 3500 y 2000; la IV, final, de transición a la pint. esquemática, después de 2000 y hasta 1200. Para A. Beltrán, los cazadores representados en el arte levantino (y sus autores) serían gentes de fines del paleo. que, en su tradición, pervivirían “durante mucho tiempo” al margen de las innovaciones que el neolítico iba introduciendo en las zonas litorales. En síntesis, ese arte “es mesolítico, con raíces en el paleo. y prolongación en el neolítico y en la E. del Br., etc.; en sus principales elementos es pospaleo. y preneolítico”.

El mayor esfuerzo desarrollado para ofrecer en nto. tiempo argumentos que ayuden a resolver el difícil problema de la cronología del arte levantino se debe a F. Jordá, J. Fortea y M. Hernández.

F. Jordá ha mostrado, con argumentos arqueo.-etnográficos, que algunos instrumentos, escenas y actitudes representados en esos abrigos corresponden a círculos culturales decididamente pospaleo., de sociedades avanzadas de agricultores aunque sigan ejerciendo la caza ancestral. Para Jordá, el arte levantino tendría su máxima expansión en las edades de los metales, a partir del 2500 a. C.: se admitirían sus orígenes a lo más a fines del neolítico (nunca antes del 3500), pudiendo haber perdurado acaso hasta el 750.

J. Fortea ha buscado apoyo estratigráfico (de industrias próximas a sitios con arte levantino o de obras mobiliares de segura datación) y ha destacado algunas superposiciones decisivas. Temas no figurativos o de tipo esquemático o geométrico (del llamado horizonte “lineal-geométrico”) aparecen superpuestos por figs. naturalistas de estilo levantino. Se aprecia así en la cueva de La Araña de Bicorp, con línea en zigzag recubierta por el asta de un ciervo y otros signos geométricos por una fig. de caballo, etc. Se ha de aceptar, pues, la existencia de algunos temas no figurativos en un horizonte temporal anterior al del desarrollo de las figs. animales realistas (grandes toros y ciervos), que hasta hace poco se consideraban las iniciales del arte levantino. Así, admite A. Beltrán en 1982 tal 1ª fase del desarrollo de las pints. del levante como de “sencillas figs. geométricas y lineales”, de cronología anterior al año 5000.

En la prov. de Alicante, las investigaciones (desde 1980) de M. Hernández y el Centre d’Estudis Contestans están descubriendo un imp. foco de arte parietal prehistórico, donde parece hallarse una de las claves que determinarán definitivamente la cronología del estilo levantino. En 1er. lugar, se ha demostrado que lo que Fortea consideraba como arte rupestre lineal geométrico, es arte macroesquemático, y que está fechado en el 5º milenio, por lo tanto el arte levantino debe ser posterior a esta fecha. Pero además se han podido encontrar paralelos en común para este arte, precisamente también en la Cueva de L’Or (Alicante), donde hay representaciones de tipo levantino fechado a partir del 4200 a. C. y antes del 3800, porque está hecho con impresión de peine, es decir, cerámica impresa no cardial.

Esto nos permite afirmar que el arte rupestre levantino posiblemente tenga su origen en la zona de contacto actual entre las provs. de Alicante y Valencia, y desde allí se extendió junto con el neolítico por todas las zonas próximas, y lo que nos narra este arte es el proceso de cambio cultural, cómo unas pobs. Van abandonando unos medios de vida para sustituirlos por otros.

En resumen, se está hoy de acuerdo, por la mayoría, en rechazar el origen del arte levantino en contextos del paleo. terminal para reconocerlo sólo como una manifestación del neolítico pleno o avanzado (de cerámicas impresas no cardiales), del calcolítico y de la E. de Br., concluyendo acaso hacia mediados del 2º milenio. Al menos en la zona meridional del área mediterránea española, en lo conocido de Alicante, Murcia y Albacete.

ARTE MACROESQUEMÁTICO

En fecha muy recientes se ha dado a conocer la existencia en el Levante hispano de una serie de manifestaciones artísticas, hasta ahora completamente desconocidas, que suponen un “unicum” en la Hª del arte rupestre penin. Su peculiar carácter las individualiza definitivamente de lo esquemático y de lo levantino clásico. Su descubrimiento se debe al profesor Mauro Hernández y al Centre d’Estudis Contestans, quien ha realizado los pormenores de su estudio.

Este nuevo grupo artístico aparece definido en someros abrigos, próximos entre sí, en la zona N. de la prov. de Alicante. Se trata de pints. en rojo oscuro, de gran tamaño, realizadas en trazo grueso. Los temas representados pertenecen a 2 categorías: antropomorfos y motivos geométricos. Los 1os., a pesar de presentar amplias variaciones tipológicas, tienen en común la representación de una cabeza circular, y una marca expresión dinámica. Entre los motivos geométricos destacan los puntos y las barras, que a veces bordean a los antropomorfos y a los geometrismos más nosos.: meandriformes verticales terminados en sus extremos sups. por trazos y bifurcaciones, que dan la impresión de manos abiertas en extenso.

La denominación de macroesquemático es convencional y no implica relación alguna con el llamado arte esquemático. Los problemas que plantea, en cuanto a orígenes y cronología y en consecuencia, su contexto cultural, son de gran interés. En opinión de Hernández, resulta anterior al llamado arte levantino, al menos en la zona en que aparece, pero la interrogante queda abierta sobre su entidad como grupo artístico independiente respecto al levantino o bien supone una fase inicial en su secuencia. Resultaría coordinante con la 1ª fase que A. Beltrán marca en su periodización del arte levantino, representada, como antes se indicó, por motivos geométricos y lineales, coetáneos de las plaquetas de Cocina II (epipaleo.) y con una fecha final que podría alcanzar hasta el 5000 a. C.

Si se acepta la posibilidad de grupo independiente, o bien la de inicio de seriación del arte levantino, su cronología precisa sigue siendo un problema, y más aún teniendo en cuenta las distintas teorías vigentes sobre la cronología del arte de Levante.